Linea lateral de la carpa

Las corrientes tienen una enorme importancia biológica en los hábitats acuáticos. Son un factor crucial para la oxigenación del agua, influyen en la temperatura, intervienen en la configuración física del escenario, contribuyen a la formación de las áreas de la productividad y determinan en gran medida la distribución de los recursos alimentarios. Para valorar la trascendencia que las corrientes tienen en la vida de los peces no son necesarias muchas explicaciones; basta comprobar que las distintas especies eligen el micro hábitat basándose en sus características hidrodinámicas.

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Aunque con efectos menos obvios, para los peces también son vitales los movimientos de agua que generan ellos mismos, sus depredadores y sus presas. Cuando un pez, una nutria o un cangrejo se mueven, provocan una onda de presión que se propaga hasta cierta distancia y actúa como una señal que delata su presencia. Cuando se trasladan de un lugar a otro, dejan tras de sí una estela que, según el tamaño del animal en cuestión, persiste hasta cinco minutos; un tiempo mas que suficiente para que se convierta en una especie de rastro hidrodinámico que otros puedan localizar y seguir.

Dada la importancia de los movimientos de agua asociados a las corrientes y a la actividad biológica, es lógico suponer que los animales acuáticos deben contar con algún equipamiento sensorial que les permita percibirlos y aprovecharlos en beneficio propio. Y efectivamente así es. Los bigotes de las nutrias contienen una gran cantidad de terminaciones nerviosas que les confieren una extraordinaria sensibilidad al tacto. Con ellos pueden captar las mínimas turbulencias de agua y seguir a sus presas. Los peces, mejor equipados aún, cuentan con la línea lateral, un sentido específicamente diseñado para detectar los pequeños movimientos de agua que se producen en su entorno inmediato.

Para un pescador es fácil hacerse una idea de cómo funciona la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto de los peces. Al fin y al cabo, compartimos con ellos esos cinco sentidos. La Línea Lateral, en cambio, es totalmente ajena para nosotros; ninguna de nuestras sensaciones se parece a lo que a través de ella perciben los peces. El objetivo de este artículo es ayudarte a comprender qué es y cómo funciona este singular y complejo sistema sensorial, cuál es su utilidad y para los peces y qué interés práctico tiene en nuestro deporte.

Estructura y funcionamiento de la línea lateral

En la mayoría de las especies la línea lateral puede observarse externamente como una línea horizontal que discurre desde la cabeza hasta la aleta caudal a ambos lados del cuerpo. De ahí su nombre. Sin embargo, aunque resulta menos visible, la línea lateral también se extiende por la parte superior de cabeza rodeando la órbita de los ojos. Los especialistas identifican cada una de esas partes como línea lateral anterior y línea lateral posterior, respectivamente.

El principal componente de la línea lateral son los neuromastos, unas agrupaciones de células sensoriales que son para la línea lateral lo que la retina para el ojo. Los hay de dos tipos. Unos, conocidos como neuromastos de canal, están empotrados en el interior de un tubo lleno de líquido que recorre toda la línea lateral bajo la piel del pez y conecta con el exterior a través de tubos secundarios que salen de él a intervalos regulares. Otros se encuentran situados en la piel, por lo que reciben el nombre de neuromastos superficiales. La estructura es similar en ambos. En la parte superior tienen una especie de capuchón gelatinoso “la cúpula” que envuelve los pelos sensitivos de las células y que según el caso, está en contacto permanente con el agua o con un líquido mucoso contenido en el tubo principal. Por su base, los neuromastos están enchufados a un haz de nervios que discurre paralelo al tubo principal y conecta todo el sistema con el cerebro.

Cada tipo de neuromasto desempeña unas tareas específicas. Los de canal, particularmente sensibles a la aceleración del agua, informan al pez de los movimientos que se producen en sus proximidades. Cuando algo se mueve cerca de un pez provoca una onda que penetra por los canales secundarios y se introduce hasta el canal principal haciendo que el líquido que contienen se mueva en una dirección determinada. Al moverse el líquido, los pelos de las células se doblan provocando un cambio eléctrico que es transmitido al haz de nervios sensoriales. Finalmente, los nervios conducen el impulso hasta el cerebro, que alerta al pez del movimiento, identifica su origen, señala la dirección de donde procede y pone en marcha la acción oportuna. Los neuromastos superficiales operan de la misma forma, pero la estimulación de la cúpula está provocada directamente por el agua y su función es informa al pez de la velocidad de las corrientes.

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Utilidades de la línea lateral

Los peces utilizan la línea lateral para varios propósitos: nadar entre obstáculos, formar bando, comunicarse, vérselas con las corrientes, eludir a los depredadores y detectar a las presas. La línea lateral funciona como una especie de sonar que los peces utilizan para determinar las distancias de los objetos. Cuando un pez va nadando, le precede una onda similar a la que podemos observar delante de la proa de un barco.

Si esa onda encuentra un objeto a su paso, rebota en él y la línea lateral capta el retorno señalado con exactitud a qué distancia está. Gracias a este cometido de la línea lateral, los peces pueden nadar en la más absoluta oscuridad sin colisionar con los objetos estacionarios que se encuentran en el recorrido.

Si has visto nadar a un bando de peces, habrás observado que sus movimientos están sincronizados de tal modo que, incluso en un apretado cardumen de miles de peces, es posible que todos ellos naden enloquecidamente sin llegar ni siquiera a tocarse. La vista tiene su papel en esa extraordinaria coordinación, pero el sentido más decisivo es la línea lateral; de otro modo no podrían mantenerla en aguas muy turbias, y también lo hacen. El funcionamiento es el siguiente. Cuando un pez se mueve en una determinada dirección, origina un flujo de agua que estimula la línea lateral de los peces que van junto a él impulsándolos a realizar el mismo movimiento de forma inmediata. Éstos estimulan a su vez sus vecinos y así sucesivamente, provocando una reacción en cadena que tiene como resultado que todos se muevan exactamente en la misma dirección como si fuera una gran masa.

La línea lateral le proporciona al pez una ayuda inestimable para aprovechar los recursos que le ofrecen las corrientes. Las corrientes arrastran muchos alimentos, pero a los peces le supone un elevado coste energético alimentarse en ellas. Para ayudarles a que les cuadren las cuentas, la línea lateral los mantiene puntualmente informados de la velocidad del agua y de su orientación con respecto a la corriente. Si has observado a los barbos comiendo en una corriente, habrás comprobado que siempre están situados de cara a ella. Hacerlo así tiene dos importantes ventajas. Es más fácil interceptar los invertebrados que van a la deriva y, como su cuerpo ofrece menos resistencia, resulta menos costoso mantenerse en la corriente. También habrás comprobado que siempre eligen apostaderos en zonas de poca corriente (por ejemplo detrás de un obstáculo) adyacentes a otras más rápidas que arrastran mayor número de alimento. De ese modo, reducen el gasto de energía sin que disminuyan las oportunidades de hacerse con un bocado. Nada de todo esto sería posible sin los neuromastos superficiales.

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El papel de la línea lateral en al detección del sonido ha sido cuestionado por algunos investigadores. Pero hoy está fuera de duda que la línea lateral puede detectar los sonidos de baja frecuencia (por debajo de 200 Hertzios) que se producen en un radio de dos o tres metros; y algunos trabajos de investigación realizados con gardones sugieren que, mediante un mecanismo indirecto en el que interviene la vejiga natatoria, la línea lateral también puede captar señales acústicas producidas a distancias muy superiores.

Como veremos al tratar el oído de la carpa, las vocalizaciones de los peces son sonidos situados en esa banda de frecuencias. Por tanto, es muy probable que la línea lateral juegue un papel importante en la comunicación de algunas especies.

Desde la perspectiva de un pescador, las funciones más importantes de la línea lateral son las relacionadas con la detección del peligro y la localización de la comida. Gracias a la extraordinaria sensibilidad de la línea lateral a las ondas de presión, los peces captan e identifican inmediatamente el movimiento de un lucio que se acerca o de un congénere en apuros. En el primer caso saldrá que se las pela; en el segundo, si no lo hace, se quedará con la mosca detrás de la oreja. La línea lateral detecta con la misma facilidad a una lombriz que se arrastra en el fondo, a un cangrejo que intenta esconderse bajo una piedra, o a un insecto que chapotea en la superficie. Aunque, los peces utilicen varios sentidos para encontrar la comida, la investigación sugiere que una inspección a corta distancia con la línea lateral es uno de los desencadenantes finales para el ataque.

Aplicaciones prácticas

Una vez conocidos los mecanismos y las funciones de la línea lateral, es fácil deducir sus aplicaciones prácticas en nuestro deporte. Cuando pescamos, nuestros cometidos serán estimularla de modo que el pez descubra y acepte nuestro cebo, y reducir al mínimo las posibilidades de que detecte las señales de peligro que inevitablemente provocamos con nuestra acción de pesca.

En otros artículos hemos hecho hincapié en darle un movimiento a nuestro cebo para que lo haga más perceptible, después de esto tenemos una nueva razón, la línea lateral. Dada su extraordinaria sensibilidad para captar el movimiento y la distribución de sus receptores por todo el cuerpo del pez, cuando movemos nuestro cebo, la línea lateral le informa rápidamente de ese movimiento, señala con exactitud de qué dirección procede y desencadena el ataque.

Tan importante como estimular la línea lateral con nuestro cebo, es procurar que no la activen aquellos movimientos que puedan asustar al pez. Los pescadores de black-bass y de trucha caminan como guerreros sioux cuando se acercan a ellos y se cuidan de mantenerse a más de seis metros de su posible apostadero, la distancia a la que la línea lateral empieza a ser efectiva para captar sus pasos.

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Reedición y adaptación:  Jesús Cruz.

Autor principal: Ángel Martínez Rodas. Revista la Línea.


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