Aguas cristalinas

Mayo 2008. Gonzalo Gil. El Carpfishing empieza a llenar de pescadores cada rincón de la Península y la posibilidad de practicarlo, dentro de las limitaciones legales vigentes, en escenarios de cualquier índole, lo convierten en una modalidad de pesca cada vez más atractiva. Si hablamos de escenarios, hoy por hoy, podemos encontrarnos ríos y embalses con características extremas. 

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Si, por ejemplo, damos un paseo por el río Guadalquivir a su paso por Córdoba o bien por el río Ebro a su paso por Zaragoza, podremos observar que el color del agua es meramente llamativo. Puede resultar chocante al verlo si lo comparamos con el agua que llena un vaso cuando abrimos el grifo en nuestra casa o bien, con otros escenarios naturales como el río Júcar a su paso por Antella o el río Guadiana en Ruidera. Esta diversidad de escenarios y de calidad de aguas nos acompaña desde hace siglos, y no muchos países gozan como nosotros de este regalo histórico. El pescador ha sabido adaptarse a cada situación de pesca empleando en cada ocasión la técnica adecuada y si lo trasladamos al carpfishing, podemos decir que ha ocurrido exactamente lo mismo.

Afrontar una sesión de pesca, por ejemplo, en aguas cristalinas, tiene una complejidad diferente que hacerlo en otras aguas. Muchos pescadores piensan que la pesca llega a complicarse muchísimo, desistiendo de intentarlo muchos de ellos. “¡No!, me niego a abandonar sin luchar”. ¿Acaso no está vinculado el carpfishing a una supuesta inteligencia del pescador? ¿No nos hemos replanteado en un mismo escenario varias veces, qué cebo uso, dónde me sitúo? Yo soy de los que piensan que el carpfishing en cada escenario es un jeroglífico donde tarde o temprano se llega a la solución. Los peces te ponen a prueba. Ellos están ahí, lo complicado es invitarles a tu mesa.

   
   

Pues bien, aprovechando esta “dificultad” que muchas veces supone la claridad de las aguas de un escenario, os contaré mi pequeña experiencia sobre ellas y cómo las he afrontado. Es evidente y lógico que muchos pescadores que lean este artículo se familiarizarán con técnicas o recursos empleados. Quizá no les aporte nada nuevo, quizá sí, pero lo más importante, a mi parecer, es ver como los criterios de un pescador pueden coincidir con los de otros o no.

   
   

Sacando partido

Si alguien me preguntara que ventaja principal aporta la pesca en aguas cristalinas, yo le respondería el conocimiento visual del fondo. Poder ver con tus propios ojos la composición del fondo, la situación de obstáculos y algas y, por supuesto, el ecosistema que puebla las aguas, es “vital” para afrontar un escenario con ciertas garantías. Muchas veces, cuando estamos pescando en otros escenarios, hacemos valer nuestra sonda para interpretar el fondo, hacemos lanzamientos con plomos de sondeo, introducimos los propios remos de la barca para detectar obstaculos, etc… Es evidente, que en este aspecto, el tratamiento es muy diferente.

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Hay que sacar partido a esta principal ventaja. El aspecto más complicado en el carpfishing no es localizar los peces. Yo puedo dar un paso un día por un lago y ver que se solean en una recula o en la presa. ¿Con eso se dónde están? Obviamente sí porque los veo pero, ¿entrarán al engaño? Esta pregunta deriva en la verdadera complejidad de nuestra pesca: intentar localizar dónde se alimentan los peces. Las aguas cristalinas nos dan valor añadido. La visualización del fondo nos permitirá estudiar nuestras zonas de cebado y su evolución con el paso de los días, conocer la aceptación de unos cebos u otros y lo más importante, colocar el cebo de forma precisa.

Hace poco pude reunirme con tres buenos amigos en un escenario de este tipo y ellos me confesaron que habían tardado muchísimo en conseguir los primeros peces. Sabían de su existencia pero les fue muy díficil detectar dónde se alimentaban. Imaginaros mi cara cuando me dijeron, “Sobre la piedra no, justo debajo y en este lado”. Mi pregunta rápida fue “¿Y eso?”. La respuesta fue clara. “Me he tirado 2 años resolviendo el desafío y creéme que si te digo que comen en esta cara de la piedra, comen”. La respuesta la tuve horas más tarde con una carpa de casi 18 kg. Me quedé sin habla, y creedme que no por el pez, sino por cómo habían llegado a esa conclusión. Me dejaron de piedra, nunca mejor dicho.

He aquí un ejemplo de lo complicado que puede tornarse la pesca de grandes ciprínidos en escenarios a priori sencillos por sus comocidades. ¿Acaso no ha puesto en práctica la paciencia del pescador? Lo único que se es que ahora puede mirar con orgullo y satisfacción el trabajo realizado estos años atrás.

La transparencia

La claridad es un arma de doble filo. Si bien es cierto que durante la noche, la presentación de nuestros montajes “carece de importancia”, por el día puede declinar la balanza hacia el éxito. Es evidente que cada escenario se comporta de una manera diferente y puede ser que el pez no preste atención al montaje y coma decidido nuestros cebos. En otras ocasiones, la presentación del montaje es determinante. No hay una ley, no es ciencia. En mi caso particular, si he encontrado serias dificultades para conseguir picadas diurnas en escenarios determinados de pesca. El principio fundamental puede ser el pensar que el pez por el día se mueve por otras zonas o sólo come en horas nocturnas porque le inspira cierta seguridad. No lo se, lo desconozco.

   

Estas reflexiones van ligadas a nuestras jornadas y en esos momentos de reflexión decides actuar de forma consciente y segura. “Se que por la noche el pez se alimenta. Intentemos transmitirle esa seguridad de día”. En este sentido, sondeé el mercado europeo en busca de materiales específicos para tentar aguas cristalinas. Encontré marcas como Prologic, Nash, TFG, Rod Hutchinson, Carp’R’Us, etc. que si que han desarrollado soluciones. El ejemplo más claro es el uso de los puentes de fluorocarbono o “leaders”, como se conoce en el lenguaje anglosajón. Podríamos decir que son conectores entre la línea principal y nuestro bajo de línea. Los hay de muchos colores, verde, marrón, negro…y transparente. Este último, no deja de ser un puente de nylon (fluorocarbono) reforzado con resina transparente (poliuretano) para proteger los roces. Suelen incorporar bucles en los extremos y algunos el propio emerillón ya anidado. Bastaría con insertar el plomo directamente (in-line) o indirectamente mediante leadclips (off-line). Por lo general, hay diversas medidas de longitud: tienes leaders de 0.5, 1 y 2m, o bien en medida inglesa: 36” (92cm), 48” (122cm) y 60” (152cm). Suelen ser algo caros (5-8€ unidad) pero muy útiles en circustancias concretas.

     

Muchas veces no dispongo de leaders y empleo puentes de fluorocarbono. Venden en el mercado bobinas de 100-300metros. El grosor que utilizo suele ser ligeramente más grueso que la línea principal. Hay gente que desconfía de estos puentes y casi siempre tiene una única explicación: el nudo. Recuerdo una tarde en el río Guadiana junto a dos buenos amigos de Don Benito. Me llevé una bobina de hilo y dije: “Voy a testear la resistencia del hilo (fluorocarbono) y de los nudos que conozco hasta ahora”. Cogí un arbol, lo rodeé con nylon y en el otro extremo una rama caída que había medianamente gruesa. Empezé a alejarme poco a poco hasta que partía. Analizaba dónde, el por qué, cuando, todo. Llegué a la conclusión de que hay nudos más fuertes que otros. Algo obvio pero como soy como Santo Tomás, “si no lo veo, no lo creo”. El hilo era mojado previamente a la realización del nudo para que no se quemara. Al final el nudo de doble-triple lazo fue el más efectivo a la hora de realizar un bucle. Evidentemente, existen en el mercado interconectores como emerillones y loops que simplifican la tarea. También podemos interconectar las líneas mediante un nudo de agua o de tonel. En definitiva, que podemos sondear el mercado buscando soluciones porque realmente existen y si no, vía libre a la imaginación.

Sobre los bajos de línea, podríamos diferenciar entre el uso de trenzados, nylon (fluorocarbono) o polímeros. Hoy en día todas las marcas conocidas de pesca incorporan entre su tackle o material un tipo de fluorocarbono o bajos mimetizados (cubiertos de fluorocarbono) para afrontar este tipo de escenarios. Por poner un ejemplo, tenemos el IQ (fluorocarbono) y el Hybrid (bajo de línea mixto de trenzado y fluorocarbono) de la marca Korda. Si es cierto que el uso de fluorocarbono para leaders y bajos de línea genera controversia diaria en los foros de carpfishing. Hay amantes, hay detractores. Yo soy de los que lo veneran porque lo uso y me ha proporcionado muy buenos resultados. Como es lógico, habrá personas que no lo usen. Un ejemplo más de que dentro del carpfishing, la técnica tiene ramificaciones y no es comparable a poner la cucharilla o la mosca que se resume más fácil. A muchos pescadores de carpfishing, precisamente esto, la evolución en la técnica, le termina fascinando. Me incluyo.

Los más puristas, llevan el camuflaje a términos extremos y recogen piedras de la zona para luego usarlas como plomo. También está la alternativa barata, práctica y sencilla de recubrir nuestros plomos y última parte de la línea de algas recogidas a pie de orilla. El brillo de emerillones y anzuelos también les preocupa y optan, bien por buscar el teflon como recubrimiento de los mismos, bien por recoger arena / tierra del lugar y mezclarla con bases plásticas para adherirla a los mismos mediante exposición al fuego.

¿La memoria del hilo? También preocupa. Hay pescadores que buscan tensión en el hilo desde el primer instante y la memoria, muy común en el fluorocarbono, lo impide. La solución se halla en dotar de calor indirecto al fluorocarbono a la vez que lo tensionamos. Bastaría vapor de agua. Del mismo modo, hay quien le preocupa la escasa resistencia de este material al roce. Pues bien se pueden emplear productos grasos sobre el hilo para que resbale sobre el obstáculo. Hay quien emplea cera (velas). Después de leer esto uno puede pensar que, en este tipo de aguas, nos complicamos demasiado o todo lo contrario, que todo remedio es poco. Esta “lucha de opiniones y actuaciones” es lo que realmente fortalecen la fe del pescador.

Al acecho

La capacidad de observación es intrínseca en todo pescador de carpfishing pero pienso que muchas veces, a mí el primero, se nos escapan detalles que no debemos descuidar y que pueden determinar el resultado de la jornada de pesca.

  • Alimento natural: Caminando por la orilla cuando el pantano o río baja de nivel, podemos encontrar en la orilla restos de organismos muertos arrastrados por la corriente así como excrementos de aves. Analizando su composición nos ayudará decisivamente a la hora de elegir el cebo de anzuelo en primeras instancias, cuando cueste decidir que introducir en el cebadero. La mayoría de escenarios de aguas cristalinas que he visitado tiene un ecosistema inmenso, donde conviven muchisimas especies y donde precisamente, el alimento natural propio de los ciprinidos abunda. Almeja, mejillón, cangrejo, babosa y lombrices se unen a la minitalla como alburno, escardino, percasol, boga, cacho y carpín convirtiéndose en alimento por naturaleza de peces de dimensiones superiores. No hay que engañarse. La pesca no nació ayer, es una actividad que nació con el hombre y precisamente éste no empezó ni con cañas ni boilies bajo el brazo. Cuantas veces escuchamos la frase “un lugareño sacó con lombriz o boga muerta un barbo de 13kg hará varios años”. Siempre que me salen con una historia como éstas acabo pensando: Por más que quiera tachar al informador de mentiroso, tiene más lógica que haber dicho con “dos boilies de fresa”. Es obvio que carpas y barbos se han pescado desde hace años en toda la península y lo que ahora es un boilie antes era una simple cola de cangrejo. Hace ya meses, visité el Lac D’ Orient, un lago francés muy popular entre los pescadores de carpfishing. Dentro de él se encuentran carpas inmensas pero su fama la recoge la dificultad de pescarlas. ¿Por qué? Está claro que habrá mil motivos, zonas, distancias, infuencia de los agentes atmosféricos, etc… pero podemos añadir uno perfectamente a la lista: la cantidad de alimento natural que tiene el lago. Cangrejos, caracolas, almejas…amén de los microorganismos que rodean la cantidad de algas que pueblan Orient, hacen de este mítico lago un verdadero desafío para el pescador de Carpfishing. ¿Quién se atreve?
   
  • Tierra sin Nemo: Precisamente estos escenarios de pesca suelen caracterizarse por la abundancia de depredadores natos como lucios, truchas, basses y luciopercas. Todos éstos alcanzan tamaños por encima de la media por la actividad incensante que ejercen sobre la mini talla. La carpa y el barbo, aunque los desvinculemos la mayoría de las veces de la gama depredadores, no cometamos el error de descártarlos porque cuántas veces hemos visto las heces de un barbo repletas de cuerpo de escardino o carpas devorándose un percasol. Las aguas limpias y oxigenadas ayudan enormemente a la convivencia de las especies pero puede provocar en los peces una dependencia animal que haga rechazar nuestros cebos de composición. Estudiemos el ecosistema primero y entendamos cuáles son las preferencias de nuestros peces.
   
  • Microclima: Muchas veces nos subimos en la embarcación, somos capaces de ver el fondo a una profundidad de más de 10metros y no nos percatamos de las corrientes internas que fluyen bajo nosotros. Pues bien, un amigo mío de Manzanares (Ciudad Real), informático como yo de profesión, tiene un hobby peculiar como el mío que es hacer submarinismo y por cercanía lo practica en Las Lagunas de Ruidera. Cada fin de semana que hacía expedición me cogía los lunes en el trabajo y me decía, “Vaya barbos y lucios que he visto, casi los tocaba con la mano”. De tanto ponerme los dientes largos cada lunes, me vi obligado a invitarle a un café y que me contara con detalle lo que había bajo el agua de Ruidera. Me contó lo siguiente: “Bajo las lagunas y a ras de suelo, hay corrientes internas que pueden alcanzar velocidades de 2-3 nudos. Es increible ver la calima que se forma cuando te acercas a ellas. Puede haber una diferencia de hasta -10ºC al introducirte dentro de la corriente. Las corrientes se podrían equiparar a un río dentro de la laguna y pueden llegar a medir hasta 2 metros de largo por 2 metros de ancho. Los barbos y lucios se quedan suspendidos a contracorriente, es un espectáculo verlos. Por otro lado, en lagunas con menos actividad de corrientes internas, muchas veces es muy complicado percibir el fondo. ¿Por qué? Podríamos denominarlo formación de niebla y no es más que una mezcla de cal y descomposición eutrófica. La niebla puede llegar a medir metro y medio de alto. Si introduces parte de tu cuerpo en ella desaparece de tu vista. Es como introducirte en un tanque de nitrógeno”. Después de esta explicación, me quedé como un niño cuando vuela en avión por primera vez. Es evidente, que hay muchos detalles que escapan de la razón y que sin ayuda, dificilmente podríamos llegar a saber. En definitiva, agradezco a mi amigo Carlos el haberme explicado el “underground” de las lagunas y el querer compartirlo con todos.
   
  • Percepción: Si la pesca en aguas cristalinas aporta al pescador un mayor conocimiento del fondo y de los agentes de convivencia (rocas, algas, fosas, etc…), no hay que olvidar que los peces también se sienten muy protegidos en estos medios, siendo el sigilo y la cautela armas fundamentales de observación y pesca. Me imagino que os habrá pasado más de una vez que decides dar un paseo en barca intentando conocer que ejemplares habitan el escenario y la mayoría de las veces, regresas indignado porque la vista sólo te ha permitido ver algún black-bass o lucio. ¿Qué ocurre con los ciprínidos? En contadas ocasiones se dejan ver de forma fácil, son escurridizos, se asustan muy fácilmente. Observas burbujeos por todos lados, saltos nocturnos que más de una vez se miden en decibelios pero no los llegas a ver. Encontrarlos y conocer exactamente que ejemplares tenemos ante nosotros, es la tarea más complicada de todas. Yo creo que nunca llega a saberse con seguridad. Tanto puede complicarse el panorama que, en una de mis últimas salidas de pesca, varias líneas acabaron a más de 180metros y una de ellas a más de 300. Es correcto, 300 metros. Esta última, la más alejada, nos despertó todas las noches. Conseguimos clavar dos peces y perder otros dos. Este hecho no hace más que confirmar que hay que entender la “timidez” de los ciprínidos y buscar con esmero los rincones más vírgenes del escenario porque allí, donde menos pensamos, se encuentra el Arca de Noé.
   
  • Al ataque: Después de lo narrado hasta ahora, sólo me queda contar mi cotidiana estrategia de asalto que he empleado en escenarios de este tipo y que, en parte, he aprendido de verdaderos pensantes de esta modalidad de pesca. Ellos sabes quienes son y lo mucho que se lo agradezco. Es evidente que a todos nos gusta tentar un escenario lo antes posible pero éste puede ser el principal error que podemos cometer. Preparar un escenario sin pescarlo durante bastante tiempo puede llegar a ser desesperante si no se arma uno de paciencia y sobriedad. El primer paso será crear un cuaderno de bitácora donde apuntaremos todo nuestro estudio, que nos llevará varias semanas, a veces, meses. Un dibujo bien hecho del escenario con sus distancias y profundidades nos ayudará en nuestra labor. Más de uno se acordará ahora de alguno de mis dibujitos con el Photoshop… Una vez elegido el tramo y puesto de puesca, nos detendremos en observar el agua varios días y a diferentes horas, buscando por un lado zonas de actividad, de mucho movimiento y por otro lado, zonas opuestas, recobecos sin movimiento aparente, espacio en calma total. Buscaremos cebar de forma inteligente dos zonas opuestas completamente, una activa, otra pasiva. Como cebo emplearemos semillas de digestión rápida o micropellets. Ya habrá tiempo de acostumbrarlas a nuestros boilies, lo importante es saber donde comen y en qué cantidad. Volveremos al cabo de 7 y 15 días y observaremos con calma el cebadero ya que hay que contar con los agentes atmosféricos y su influencia. Si ha habido actividad al cabo de ese tiempo, ampliaremos la cantidad de cebado. Si no ha habido actividad, descartaremos la zona en primera instancia y buscaremos otra zona pasiva o activa. Si se vuelve a repetir la situación, y el pez come tranquilo y con confianza en un punto, buscaremos zonas próximas a ese punto y repetiremos el paso, ahora sin cebar en dónde sabemos que el pez come tranquilo. Si nos percatamos de que el pez come más desconfiado en ese punto, habremos sacado algo positivo del cambio. Si vuelve a devorar la zona, habremos dado con una zona amplia efectiva. La observación de la evolución del cebado sólo es posible, aunque no en el 100% de los casos, en aguas cristalinas o con altos niveles de claridad. Este proceso debe repetirse en varios puntos elegidos sobre el tramo y siempre pensando que el pez, por naturaleza, es desconfiado. Las orillas infranqueables por pescadores, los recodos entre junqueras, los calados inaccesibles… Todo estudio es poco para dar con el pez. Puede llevarnos, como bien he dicho, semanas o meses (o 2 años como amigos míos), pero el día que resuelves el jeroglífico, no hay premio que calme tu euforia. El paso siguiente sería acostumbrar a los peces a comer nuestros cebos. Es evidente que el uso de cebos cotidianos puede perjudicarnos pues, podría darse el caso de que alguien no partidista del lema captura y suelta, pescara en nuestro puesto y dejara caer unos granos de maíz en una recula que le ha parecido interesante. Pues si hemos acostumbrado a los peces a alimentarse de maíz y es una zona activa, si consigue sacar un pez a las primeras de cambio, nuestro esfuerzo habrá sido en balde pues habremos anunciado rebajas en el Corte Inglés. Por este motivo, el paso fundamental será acostumbrar nuestras zonas activas a nuestros cebos. Luz verde a la imaginación. Desde recetas caseras de boilies hasta condimentos atípicos en la pesca tradicional (canela, romero, pimentón…). Si empleamos estos últimos, la adaptación tiene que ser progresiva y empezar desde pequeñas dósis de condimento hasta altas dósis con el tiempo. La sensatez tiene que ser nuestra arma en escenarios como éstos. No podemos “castigar” el escenario de forma frecuente. Hay que cuidarlo. No vale decidir “no pescar” sino que además debemos seguir alimentando nuestras zonas activas para que el pez receloso siga comiendo en ellas y no pierda el hábito. Del mismo modo, debemos seguir haciendo un seguimiento de las zonas, aunque menos frecuente, por si se han producido cambios relevantes en el entorno. Estudiar la actividad en diferentes épocas del año es fundamental para conocer el cebado continuo que deberá realizarse. Gracias a estas acciones precabidas nuestro escenario será productivo en la mayoría de las visitas que decidamos hacer y se verá recompensado el esfuerzo dedicado tiempo atrás.
   
   
   
   

Algún consejillo

Una forma de conseguir que los peces se adapten a nuevos cebos es “engañar dentro de un engaño”. Me explico. Si estamos llevando a cabo un cebadero a base de semillas y mini boilies y la evolución es lenta, emplearemos cebos propios del lugar y lo mezclaremos con los anteriores en buena proporción. Cangrejos y almejas machacadas, restos de minitalla, etc… Si, para el ejemplo opuesto donde el pez está acostumbrado a cebos cotidianos, elevamos las proporciones de condimento en cada sesión de pesca, en este caso será justo al contrario. Iremos eliminando progresivamente el cebo puramente natural para que el pez se habitúe a comer otros cebos. Ni que decir tiene que pasado el tiempo, el empleo singular de cebo natural puede seleccionar aún más el tamaño de la captura cuando el pez “resabiado” opte por lo “inusual”.

   

En ocasiones, el fondo habitual de escenarios cristalinos suele ser algas de poca altura pero realmente incómodas, ya que pueden esconder nuestros cebos. La localización de calvas puede llegar a complicarse y por tanto debemos armarnos de paciencia. Cebaremos una zona de manera contínua con microparticulas (chufa picada, maiz, cañamón, micropellets, etc…). El ciprínido por si mismo se encargará de crear la calva deseada al despertar su ligera agresividad por comer. No obstante, mientras la zona activa es preparada por los propios peces podemos pescar sobre las algas. ¿Cómo? Empleando esponjas solubles de forma simple sobre el anzuelo o bien dentro de una malla de pva.

Muchos escenarios cristalinos, sobre todo tramos de río, están rodeados de junqueras. Ni que decir tiene que las carpas navegan entre juncos buscando alimento y refugio, hasta el punto que se pueden intuir en ocasiones el recorrido que efectúan entre ellos. Es evidente que situar nuestros cebos al paso del pez será siempre efectivo pero no debemos olvidar que la resistencia que ofrece el nylon no es la misma que el trenzado ante estos obstáculos. El trenzado ofrecerá su máxima resistencia entre carrizos y algas pues tiene propiedades cortantes. Su utilización en muchas ocasiones como terminal puente se hace más que necesaria.

Flujo de ideas

El único consejo de verdad que puedo daros es que igual que pensamos la mejor manera de sacar un coche del barro o la mejor manera de distribuir la compra en una caja, pensemos siempre ante un escenario de pesca que “no hay mayor recompensa que el trabajo bien hecho”. La paciencia y la constancia ante un reto es la llave de la victoria.


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