Mar de nenúfares

Febrero 2015. Gonzalo Gil. Los nenúfares (lilies en inglés) son plantas acuáticas que crecen en aguas de corriente lenta de poca profundidad, estando normalmente enraizadas en el fondo. Sus hojas redondas de grandes dimensiones crecen verticalmente hasta alcanzar la superficie, donde brotan también sus flores.

Hasta aquí podríamos estar asistiendo a una clase de botánica pero es la premisa conceptual para entender que muchos de los lagos de carpfishing que encontramos fuera de nuestras fronteras disponen de un buen muestrario de nenúfares a lo largo de su superficie, lo que, bajo mi opinión, los convierte en parajes de ensueño. Esa sensación la encontré en mi último viaje a Francia, al lago de Cavagnac, cerca de Bournazel, localidad sobre la que impera un precioso castillo del medievo.

Los nenúfares (lilies en inglés) son plantas acuáticas que crecen en aguas de corriente lenta de poca profundidad, estando normalmente enraizadas en el fondo. Sus hojas redondas de grandes dimensiones crecen verticalmente hasta alcanzar la superficie, donde brotan también sus flores. Hasta aquí podríamos estar asistiendo a una clase de botánica pero es la premisa conceptual para entender que muchos de los lagos de carpfishing que encontramos fuera de nuestras fronteras disponen de un buen muestrario de nenúfares a lo largo de su superficie, lo que, bajo mi opinión, los convierte en parajes de ensueño. Esa sensación la encontré en mi último viaje a Francia, al lago de Cavagnac, cerca de Bournazel, localidad sobre la que impera un precioso castillo del medievo. 

Esas sensaciones de estar en un entorno bello e incomparable se tradujeron en un auténtico juego de ajedrez durante más de una semana, donde tuvimos (mis compañeros y yo) que estrujar nuestro cerebro al máximo para poder “dar con la tecla” de cómo los peces, carpas y amures, emplean estas plantas para cobijarse y lo que nos interesa por encima de todo: alimentarse. Os puedo asegurar que esta ha sido, con diferencia, la sesión técnicamente más complicada a la que me he visto sometido y por ello, al final de la semana, con los resultados en la mano, os puedo decir que ha sido de las que más me ha satisfecho. En la pesca vivimos episodios tan reales como la vida, y de esta manera “lo que doblemente cuesta, doblemente se valora”. 

Introducción

Pleno mes de Agosto, más de 1.000km desde Madrid hasta un mítico lago como Cavagnac, con una población muy interesante de peces de buen tamaño y con gran variedad. Muchos de nosotros sabíamos, por experiencia contrastada de compañeros, que el lago de por sí es complicado y que se ve muy afectado por la presión y los cambios meteorológicos. Íbamos concienciados. La recepción se realiza a las 11am, dejando paso a nuestros vehículos. Sorprendidos, los gerentes nos reciben en un curioso español afrancesado, aspecto muy positivo que nos permite solucionar las primeras dudas. Después de una explicación acertada de qué puestos se ocuparían y dónde estaríamos nosotros, decidimos hacer un cambio sobre la marcha y abandonar el último puesto de una cola por un puesto más céntrico, más liberado de presión, con el currículum de haber conseguido hasta tres veces la Single Scale, el mayor ciprínido del lago con 36-38KG dependiendo de la época. 

Desinfectado todo el material que entraría en contacto con el agua, procedemos a cargar el mismo en los botes para que los guías lo desplacen a los puestos. El puesto que ocuparían Borja y Gonzalo, “The Field”, respiraba amplitud y muchas posibilidades. La profundidad media oscilaría entre 1.3-1.4m pero el no tener pescadores en la otra orilla y suficiente distancia de los puestos cercanos, uno de ellos no ocupado, se antojaba positivo. Erre y Domínguez, acompañados por Azahara, se situaron finalmente en The Sanctuary, un puesto absolutamente estratégico que permite pescar en un abanico de 180 grados, con algo más de profundidad media y con el mítico bagaje anteriormente mencionado. Ya nos anticiparon los guías que la media de este puesto siempre había sido relativamente mayor. 

Preparación 

Montadas las tiendas y el material importante, decidimos hacer cada uno de nosotros un buen sondeo del puesto, por lo que nos ayudamos de la sonda y el prodding stick para ir palpando el fondo. Los guías nos recomiendan buscar zonas duras cercanas a los nenúfares. Bajo esa premisa, nos lanzamos ambos puestos a localizar los posibles hot spots. Después de un buen rodeo, intercambiamos opiniones por walkie talkie, muy útil cuando viajas fuera y estás separado, y llegamos a la conclusión de que no hay zonas de grava, que lo que los guías consideran zonas duras son aquellas cuya capa de cieno es lo más delgada posible, pues el prodding siempre era capaz de hundirse. La clave era cuánto.

Preparamos los montajes y empiezan las primeras decisiones técnicas. ¿Bajos largos o cortos? ¿Caída directa o suspendida del cebo? ¿Cebo ligero? ¿Gramaje de la plomada? Imaginaros con estos ejemplos el contraste de conversaciones que tuvimos el primer día para intentar abordar un escenario como éste. Había ciertas cosas que teníamos claras. Más de una caña iría fuera de las nenúfares, por lo que las orillas se convertían en protagonistas. Era curioso pero la mayor concentración de cieno la encontrábamos en aguas abiertas, donde te podías bajar de la barca y literalmente tu pie se enterraba en milésimas de segundo. Estas zonas quedaron rápidamente descartadas. 

Los cebos de partida fue un capítulo aparte. Todos teníamos claro que las semillas serían nuestra base de anzuelo y cebado, ocupando el 75% de nuestros montajes. El resto de montajes llevarían un pequeño snowman de partícula (chufa) y boilie o dos boilies, si bien no usaríamos el boilie del lago Arny Especial (congelado) hasta 24h después, una vez los PHs se equilibraran dejándolos en remojo con agua del lago. Como es lógico en estos casos, siendo cuatro pescadores y además amigos, decidimos ser opuestos por parejas en cuanto a montajes, cebos y cebado para así conocer algo más sobre el modo de alimentarse de los peces.

Bajos fuertes, dado que en más de una ocasión estarían sometidos a fricción por parte de los nenúfares, sistema “a plomo perdido” siempre, anzuelos de confianza (Nash y Gardner) y obviamente sin puente al no estar permitido, decidimos sacar con sutileza las cañas, siempre en acordeón empezando por el lado donde hay pescadores cercanos hacia el que no los hay, para que si los peces se asustan se dirijan hacia la zona donde no hay presión, que la pescaremos con las últimas cañas. No utilizaríamos plomos traseros (por lo general) dado que nos anticipan los guías que las picadas son realmente sutiles. 

El comienzo

Transcurridas 24h, Borja y Gonzalo consiguen tener 4 picadas y Erre y Dominguez una pero ningún pez llega a la moqueta bien por rotura de línea o desanzuelado, teniendo teóricamente “mala suerte”. Después de estos resultados, contrastamos con los guías y nos dicen que estamos haciendo las cosas bien, que sigamos en esa línea. Varios de nosotros seguimos sin verlo de todo claro y por experiencia sabemos que los días transcurren muy rápidos por lo que empezamos a pensar como peces y no como pescadores, es decir, si yo fuera pez, dónde comería con la tranquilidad necesaria de no estar ante un engaño. Eso nos hace empezar a descartar los sitios a priori claros y sencillos que emplearían el 99% de los pescadores cada semana y nos aventuramos a “jugar” en delgadas líneas rojas. Unas dos cañas por puesto empiezan a ser las aventuras.

De esta manera, empezamos a levantar las líneas del agua y pescar en la cara opuesta de los nenúfares en la orilla contraria, a unos 150m. Necesitábamos invertir el sentido de la línea, por lo que nos ayudamos de unas argollas de goma que nos entregan para anclar las tiendas. Usando pinzas y gomas elásticas, que siempre van en nuestros macutos, conseguimos darle la tensión necesaria a la línea madre y la “des-tensión” a la línea que se dirige al agua, ayudándonos de una piedrecita que situamos encima de la línea que nos hace dejarla a ras de suelo y que en el momento de la picada deja de ser un obstáculo. Recolocamos cada una de las cañas, olemos los cebos (aparentemente el cieno no es muy intenso) y damos otras 24h de margen. Intentamos que los cebos se queden en la primera línea de nenúfares, sin atrevernos a introducirlo dentro del mar de plantas que hay en Cavagnac.

Los resultados empiezan a dar sus frutos y las dos cañas que estaban colocadas en la orilla contraria en The Field nos proporcionan un amur de 10KG y otra picada que no se culmina. En The Sanctuary se consigue la primera carpa, una común de 16.5KG que ilusiona a mis amigos de Córdoba, que habían puesto una caña muy cerca de la orilla, entre su puesto y el inmediatamente más cercano, con la línea por encima del agua y bajando la misma desde la rama de un árbol. Empezábamos a entender ciertas cosas: la chufa empezaba a decantarse como el cebo a seguir, cebar con cierta contundencia justo encima del cebo y a 50cm a cada lado de la postura era la forma adecuada de atraer la confianza del pez, los montajes eran indiferentes aunque apostamos por el Muzza Rig, la localización era la clave…. 

Reflexión estratégica

Decidimos aumentar en dos cañas por puesto la búsqueda de sitios clave, a la vez que nos preguntamos por qué las cañas que teníamos en la primera línea de nenúfares, supuestamente donde pescan todos los pescadores y a priori la forma más fácil de pescar, no nos estaba proporcionando ninguna picada. ¿Acaso se nos estaba escapando algo? Esta duda nos hizo plantearnos la clave de la sesión, refrendada minutos después por los guías. ¿Habrá que navegar por el mar de nenúfares?. De nuevo, hay que pensar como un pez, no como un pescador. Y es que la primera línea de nenúfares la conforman hojas cuyos tallos están separados más de un metro de la raíz y en la mayoría de los casos, son raíces a punto de morir que van almacenando en el fondo los tallos ya sedimentados. Se nos abría, pasadas 48h, un mundo nuevo, totalmente desconocido por nosotros, pero con la gasolina necesaria para acelerarnos a todos para los días que restaban.

Con esta premisa, empezamos a entender como el pez se alimenta bajo los nenúfares: hay que encontrar las raíces vivas, aquellas cuyas hojas brotan vida y cuyas flores están en su juventud. La raíz de un nenúfar es algo así como las patas de un calamar, desde donde cada ventosa se erige un tallo. Pudimos ver alguna raíz que había sido arrastrada a la orilla, posiblemente por algún pescador, y las dimensiones eran muy considerables, pudiendo tener a ojo unos 10-15cm de diámetro. En definitiva, después de entender esto, nos dimos cuenta que estábamos pescando, como mínimo, dos metros afuera de donde se alimentaban los peces y en muchos casos nuestros cebos estaban posándose sobre zonas “muertas”. 

Repetimos jugada, pero con el conocimiento necesario. Nos acercamos a cada una de las zonas iniciales que nos habían gustado por su dureza, y con ayuda de la punta de la caña y del prodding stick empezamos a separar los tallos a izquierda y derecha (se enraízan) hasta llegar a la flor, dado que ésta tiende a nacer perpendicular a la raíz. Localizamos la flor más cercana a la inicialmente alcanzada y separamos de nuevo tallos y hojas. Hemos creado el camino. Ahora nos separamos con ayuda del motor de la barca y directamente con el plomo recreamos el pasillo que hemos generado a través de pequeños saltitos probando que el fondo está limpio y no hay tallos muertos en horizontal. Limpiamos. A continuación, colocaremos nuestro plomo pegado a una raíz y el cebo justo pegado a la otra, lo más pegado al fondo posible. ¿Cómo conseguirlo? A través de sinkers o más fácil, cogemos masilla de tungsteno y frotamos el bajo. De esta manera conseguiremos que se estire y se aplome en el fondo. Cebamos todo el camino, con algo más de intensidad encima de nuestro montaje. Por último, lo más importante, “cerrar la puerta”. Hay que revertir los tallos y hojas para cerrar el camino y proveer la misma oscuridad que tenía cuando lo encontramos. Este aspecto, que alguno podría pensar como “muy freak o camo” os aseguro no es que fuera fundamental, sino que era imprescindible para que el pez encontrara nuestro cebo de la forma más natural, rodeado de tallos y hojas.

Non-Stop

Sin dar crédito, vimos como con el paso de los días obteníamos 4-5 picadas diarias hasta sobrepasar la treintena. La combinación de zonas inaccesibles con la de la correcta presentación en las zonas comunes dio sus frutos. Era increíble como una señal limpia de la alarma, un único beep, era el signo más claro de que el pez había sido engañado. El pez se quedaba literalmente quieto en el hot spot intentando lentamente desquitarse el anzuelo mientras tu llegabas con la barca. En ese momento empezaba la acción. Mientras un compañero sostenía la caña, levantaba el motor y se preparaba para la salida del pez de los nenúfares, el otro hacía el trabajo complicado de ir siguiendo la línea con cuidado, retirando todos los tallos, rompiendo más de un nenúfar y provocando mediante pequeños tirones de línea la salida del pez. Realmente os digo que bajo el agua hay un auténtico universo de tallos y hojas que harán de la obtención de la captura un verdadero trofeo, pues no es una lucha, es una batalla. Más de una captura nos llevó más de 30min de reloj sacarla de los nenúfares, y las más complicadas en mitad de la noche, así que imaginaros la serenidad que un pescador debe tener en estos escenarios.

Con esta técnica conseguíamos sacar los peces, muy pacientemente, a aguas abiertas para pelearles donde la vitalidad de los mismos en tan poca profundidad fue digno de película. Yo no había visto cosa igual. Impresionante la fuerza de los peces, en especial de los amures. Creedme si os digo que muy pocas carpas me han luchado como cualquiera de los cuatro amures que conseguimos cobrar durante la semana: 18KG, 17.2KG, 13KG y 10KG. Solamente por luchar un espécimen así merece la pena el viaje. 

En cuanto a carpas, salvo unas pocas pequeñas comunes entre 5 y 9KG y una preciosa tenca, tocamos todos los pesos, varios por partida doble o triple, entre 13 y 20KG aprox. siendo la más grande una común de 19,4KG. A excepción de dos royales de 17.2KG y 14.4KG, el resto de las carpas fueron comunes, tipo de carpa predominante en Cavagnac.

Como anécdota os contaré algo que no debéis hacer…y es que a las 3am de uno de los días Gonzalo se sumergió hasta el fondo del lago para cobrar el pez con sus brazos dado que era imposible desliarlo de los nenúfares. El pez subió con él al grito de Come On! Una verdadera lástima no haberlo grabado. Al menos quedó grabado en los ojos de Borja para contarlo y en el recuerdo de Gonzalo para revivirlo. Fue una de las royales, para mayor premio. 

   

Perdimos hasta una decena de peces, sobre todo los primeros días, pero casualmente los dos únicos peces que tuvimos la suerte de que el pez salió sólo de los nenúfares sin tener que desplazarnos con la barca los perdimos de la misma manera, y es que los puestos están sobre 9 vigas de hierro en vertical que se introducen en el agua debajo de la madera y los peces encontraron en ellas el obstáculo perfecto. Se metieron, dieron varias vueltas sobre las vigas hasta conseguir romper. Moraleja. Siempre pelea los peces desde la barca en Cavagnac. 

Sensaciones

Con estas líneas, humildemente, quiero transmitiros que las sesiones de carpfishing que se vuelven muy técnicas crean mucha afición, te impregnan aún más de lo que esta modalidad representa y te genera por momentos sensaciones irrepetibles. A veces hay que dejar a un lado, como en esta ocasión lo fue para nosotros, la obsesión de sacar el pez más grande, y cambiarlo por conocer, explorar y resolver un “misterio” hasta ahora desconocido como es la pesca en un mar de nenúfares. Son retos y esto también es carpfishing, la búsqueda de grandes ejemplares en cualquier escenario de pesca, y en esta ocasión, nuestro escenario fue de nuevo nuestro adversario, no los peces. 

Las encinas en Sierra Brava, la pizarra de Orellana, las junqueras del Tajo, las algas del Júcar, la corriente del Ebro…si os dais cuenta, cada escenario tiene su particularidad y pone a prueba la inteligencia de todo pescador para conseguir salir airoso de todos ellos. Cavagnac es uno más que debéis algún día explorar. Espero que estas líneas ayuden a quién como yo, inexperto ante estas curiosas plantas acuáticas, se enfrente a ellas por primera vez y pueda disfrutar, como yo lo he hecho, de cada momento de esta sesión pues no es exagero si os digo que colocar meticulosamente cada postura me llevaba más de 30minutos. Eso sí, cuando llegaba a la orilla, siempre le decía a mi compañero. Está sencillamente perfecta. Y no hay mayor gratitud y recompensa que horas después fotografiarte con un ejemplar de Cavagnac. Volveré.

Agradecer a mis amigos Erre, Borja y Dominguez (y también a Azahara) el haberme acompañado en este nuevo viaje, mi primero de casado. Los recuerdos perduran siempre… ¡y este ha sido de los mejores gracias a vosotros! Come on!


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