Back in time

Noviembre 2014. Edu Zancada. Hacía quince años que no hacía una visita a las bestias que habitan el río Ebro, así que había llegado el momento de decidir enfrentarme a un escenario que había cambiado bastante desde entonces. Siempre pensé que la pesca en estas aguas en particular no tenían mucho mérito, puesto que la estrategia de cebado, la técnica empleada y los montajes no eran elementos imprescindibles para capturar grandes ciprínidos por encima de los doce kilos.

Quince años atrás, cuando visité en varias ocasiones los emblemáticos escenarios de Mequinenza y sus alrededores, era vergonzosamente fácil capturar grandes carpas, la densidad de peces de buen tamaño era tal, que casi cualquiera que acudiese a sus aguas regresaba con un buen repertorio de capturas en su haber. Los carpistas se agolpaban en las orillas, trípodes tras trípodes de forma continuada en sus orillas, carpistas de todas las nacionalidades con un sin fin de material listo para la acción, incluso era difícil coger sitio para colocar tus cañas en muchas ocasiones en algunas zonas, pero eso cambió.

La situación actual a la que me enfrentaba era distinta, peces más dispersos, más machacados por la presión de pesca de años y en consecuencia mucho más delicados de capturar. Aunque no hay que olvidar y al menos es mi opinión sin querer desmerecer a ningún carpista desde estas líneas, que una carpa común de 20 kg o más del mítico embalse de Orellana, nunca tendrá el mismo mérito que otra homóloga en aguas del río Ebro, pues las condiciones, dificultades, técnica empleada, lucha y demás, distan bastante.

No tengo intención de quitarle mérito alguno a los ciprínidos del Ebro, pues también tiene su gracia, ya lo creo, localizar los bancos de peces, hacerte un experto en las corrientes y en la forma de cebar (río arriba y tanto que parece ridículo porque parece que le estás cebando al otro el puesto) presentar tu montaje como es debido en un río que no es baladí, con plomadas grandes, piedras grandes si es necesario y bajos especiales, preparados para siluros y mejillones cebra. Por tanto, no todo el cielo es de color azul en el Ebro, ni los días de pesca son bacanales en donde salgan carpones de 20kg y siluros de 100 kg, aunque si uno se lo propone y le hecha un pulso al Ebro, estudiándolo e invirtiéndole varias sesiones, el éxito puede aparecer con relativa facilidad.

En esta ocasión nos encontrábamos a primeros de otoño, con un tiempo estable que auguraba una buena sesión de pesca, y así resultó ser más tarde. El cebo empleado en nuestra sesión, fueron los boilies de Robin Red de Dynamite baits, es uno de los boilies que más peces me ha dado en estas aguas actualmente en las sesiones que estoy haciendo, con resultados de carpas por encima de los 22 kg, todo un éxito de bola. Por el contrario, he de decir que seguí la recomendación de un compañero que me recomendó probar en estas aguas los boilies de White Chocolate de Dynamite baits, pues me aseguró que le habían comentado que dicho sabor hacía estragos en el Ebro, tanto con Siluros como con carpas, pero desgraciadamente y por el momento, los resultados han sido un poco escasos, aunque he logrado capturar alguna carpa, no he conseguido que ese cebo genere momentos de locura o hiperactividad en los cebaderos, así que seguiré dándole unas oportunidades más. Finalmente y como no, utilicé para hacer frente a los siluros los Hook baits de 22 y 40 mm de Marine Halibut, mezcla entre boilie y pellets que se van deshaciendo a lo largo de dos días, desprendiendo partículas poco a poco. Estos Hook baits los conjugaba en los montajes con pellets ya taladrados de Marine Halibut, pues no pueden faltar los pellets en esta aguas como todos sabéis.

En la sesión sacamos las líneas a unos 250 metros, allí donde se encontraba la caja del río y después de haber precebado la zona con 13 kg de robin Red en 20 y 18 mm, y 20 kg de pellets de halibut de 22mm. Al cebadero le añadimos varios kilos de los soft pellets de 10 mm de Marine Halibut y otros 4 kilos de micropellets de distintos tipos de disolución. Las picadas no tardaron en aparecer, comenzando con capturas de una media de entre los nueve y los catorce kilos, sin ningún despunte inicial que sobrepasase esos pesos. Siluros y carpas fueron apareciendo, ofreciéndonos sobre todo los siluros unas batallas implacables y todo esto sin menospreciar a las carpas, las cuales salieron con pesos de 17,18,19 y hasta por encima de los 22 kg. Mis carretes Bigbaitrunner C14 se supieron comportar sin darme ningún problema, ligeros y eficientes resistieron todas las embestidas de los siluros y grandes carpas que fuimos capturando, aunque he de decir, que echo de menos el sonido de los antiguos carretes LC ya que es melodía para los oídos ( algo que le falla a los nuevos) pues esa carraca de freno de los LC antiguos, es un sonido casi celestial.

Con este primer buen sabor de boca regresamos de la sesión de pesca, con un fin de semana express en el que salieron todo tipo de peces de diversos tamaños, ojala todas las sesiones fueran así, además, ya se acercan las fechas en las que buscamos una única picada bajo el hielo (que también tiene su gracias y magia). Con todos estos hechos acontecidos en nuestra primera sesión de pesca, decidimos que había que echarle un pulso al Ebro, al menos con un par de sesiones más de las cuales ya os narraré lo que sucedió que no fue poco, ni pequeño.


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