Lingotes de oro

Junio 2014. Edu Zancada. En tierras extremeñas se esconde un destino para todo aquel carpista al que le gusten los retos, si bien, se trata de un embalse, cargado de grandes “bolos” puesto que nuestras alarmas se pueden sumir en la mayor de las tristezas durante largas sesiones de pesca, se trata como todos bien saben, del embalse de Orellana y sus impresionantes peces.

Con este inconveniente tan grande por delante, algo muy bueno tiene que esconder esa inmensa masa de agua, algo que recompense los esfuerzos, aventuras y desventuras vividas, a donde viajan nuestros vecinos carpistas de casi toda Europa. Son sencillamente sus lingotes de oro puro lo que dan respuesta a tal enigmática pregunta. Grandes carpas se esconden en sus aguas con libreas indescriptibles, poseedoras de una genética perfecta, en aguas de un embalse que contiene las claves que todo pescador de carpfishing busca: años de agua embalsada, calidad de las aguas, alimento natural en abundancia, una buena genética y una población de predadores de un nivel suficiente como para poder evitar una superpoblación de ciprínidos. Si a todas estas claves le sumamos que nos encontramos ante una masa de agua muy extensa y que sus carpas son nómadas, tenemos un gran reto al que enfrentarnos.

Puesto y estrategia de pesca

La zona escogida para esta sesión constaba de una orilla en desnivel progresivo que bajaba hasta los siete metros, con una plataforma a doscientos cincuenta metros de distancia que ascendía hasta los tres metros. El fondo se encontraba cubierto por un denso manto de algas que no superaba los doce centímetros de altura, un inconveniente al que tuvimos que adaptar nuestro montajes con snowman y pop-up simples. Los montajes decisivos de la sesión fueron el D-right y hair sencillo con su respectivo termoretráctil que aportaba un ángulo óptimo de clavada a nuestros anzuelos. El objetivo era posar sobre el manto de algas nuestros montajes y para ello nos servimos de gusanos de pva y los respectivos pop-up, algo clave para esta situación, levantando los montajes varios centímetros del fondo, algo que mis compañeros Miguel y Carlos descubrieron y que que más tarde sería clave para la captura de peces.

La sesión de pesca

Cuando llegué al puesto de pesca el lunes a media mañana, mis compañeros ya estaban situados. Carlos había optado por un extremo del puesto, teniendo a 30 metros a su derecha una plataforma flotante de algas que aportaba sombra, en donde más tarde obtendría capturas. Miguel se situó en el centro a escasos 15 metros de mi equipo, optando por pescar a 15 y 40 metros de la orilla, esperando que la nocturnidad le ofreciese alguna captura que fuese cazando cangrejos cerca de la orilla. Una de mis cañas decidí sacarla con la barca a unos doscientos metros de distancia, el objetivo era trabajar en equipo para lograr la localización de los peces, cubriendo así el abanico de posibilidades.


El gran inconveniente de la sesión fueron los famosos cangrejos de Orellana. Decidimos cebar con un manto de partículas de maíz,trigo y cañamón que pudieran entretener a los cangrejos. De esta forma nuestros boilies durarían algo más, pero era insuficiente puesto que a las cuatro horas nuestros hairs se encontraban vacíos. Las partículas estaban acompañadas por dos tipos de boilies de Dynamite Baits, el Robin Red y otro dulce, decantándonos por el Chocolate Malt que fue el monstruo de la sesión de pesca y que me otorgó más tarde mi nuevo record personal de carpa común, quizás el pez de mi vida, el lingote de oro. Tuvimos que añadir a nuestros boilies un seguro de vida, pequeños granos de maíz de goma remojados en los respectivos dips de Robin y Chocolate, algo que nos garantizase que tras varias horas de espera siguiera habiendo algo sólido en nuestros montajes.

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Primeros resultados y localización

Habían pasado más de 24 horas y Carlos obtuvo su primera captura, una bonita común de 10kg de peso que ofreció una dura batalla, seguida de una robusta tenca de 2,5kg. Las cosas marchaban pero no como hubiéramos querido, al fin y al cabo nos encontrábamos en Orellana y eso te hace acudir con una voluntad de hierro. Al amanecer, se empezaron a mover y pude observar como había actividad a una distancia de 240 metros, así que tuvimos que salir en su busca, sacando las línea a golpe de remo a 250 metros.

Según pasan los años en el carpfishing, algunos pescadores se van haciendo más prácticos, optando por el uso de picas o equipos más ligeros, intentando no llevar “la casa a cuestas” para sesiones de pesca de varios días. En mi caso, no es la primera vez que me quejo al pescar en sitios pequeños o medianos del excesivo tamaño y capacidad de linea que te aportan los Big Baitrunner de Shimano, o el uso de cañas de 3,5 libras, algunas veces innecesario. Pero fue esta sesión de pesca la que me aclaró las dudas, permitiéndome capturar quizás el pez de mi vida, cuando si hubiera usado carretes de menor porte, dudo mucho que lo hubiera podido conseguir.

Cebamos nuevamente en la nueva zona escogida, esta vez cortamos los boilies de Chocolate y Robin red para que los cangrejos tuvieran donde buscar, pero el cebado lo realizamos lozcalizado, caña por caña y con un perímetro de 1 metro en torno a nuestros montajes, añadiendo alguna malla de PVA compuesta por boilies bien molidos con el objetivo de que nuestro cebo reposase sobre un manto de partículas compuestas por el propio boilie del hair.

Los primeros resultados no tardaron en llegar y obtuve horas más tarde mi primera captura con una larga común de 11kg. Habíamos dado en la tecla y ahora solo quedaba esperar y seguir con la nueva estrategia. Carlos consiguió otra común con 12kg y Miguel pudo cobrar otra con 10kg, seguido de dos tencas de kilo y un bonito lucio que al recoger el montaje debió pensar que el boilie tenía aletas y ojos, algo inusual en el carpfishing, pero no es la primera vez que sucede.

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El momento esperado

Mis boilies de Chocolate Malt empezaron a darme resultados y empezaron 3 horas de actividad en las que pude cobrar tres ejemplares de 11,5 12 y 13kg. Teníamos la esperanza de ser recompensados con un ejemplar de porte. Soñábamos con una captura de 15 kg o una captura que marcase la diferencia con un peso de 18 kg. Los resultados se sucedían y todo podía ocurrir, un gran ejemplar de Orellana que dejase huella en nuestra sesión de pesca, siempre tienes esa ilusión que te hace volver, es lo que tiene el carpfishing, lo que no esperábamos fue lo que sucedió a continuación.

Uno de mis tensores saltó bruscamente, seguido de una larga carrera que terminé frenando con una fuerte clavada, puesto que pescando a tales distancias hay que actuar en consecuencia con el margen de distancia y elasticidad. Después de varios metros de linea en su primera carrera y que no pude frenar me tocaba mi turno. En el primer bombeo le dije a Miguel que se trataba de una buena pieza, en el segundo también y al tercero no la pude mover, si, no la pude mover. Se dirigía directa al único árbol sumergido que había en 30 metros a la redonda y me había sacado suficiente línea como para que no me diese tiempo a recuperar línea y salvarla del obstáculo, produciéndose el enganche y metiéndose de cabeza en dicho árbol. Después de esperar unos 10 minutos con la línea en tensión y ver que no salia del árbol me subí a la barca con Miguel, sin esperanza alguna e imaginándome que al llegar me encontraría el montaje enganchado en una rama, como suele pasar.

Llegamos al árbol y a los diez metros sentí que allí no había vida, mi montaje seguramente se encontraba vacío y enredado dentro del árbol, forcé la caña. De pronto sentí como el extremo de la línea se desenganchaba y allí estaba, subió a la superficie y mostró su gran lomo, una carpa común de Orellana que no tendría menos de 20kg de peso, preciosa, enorme, podría ser el pez de mi vida. La adrenalina como podréis imaginaros se podía comer, hasta tal punto que me temblaban las piernas. Miguel intentó ensalabrarla con un movimiento rápido y “zas” la sacadera se rompe, quedando flotando la horquilla de ésta que Miguel pudo recuperar.

Allí estábamos, pegados a un gran árbol sumergido, a 250 metros de la orilla, con la barca que se podía pinchar en cualquier momento con las ramas que asomaban en superficie, con la sacadera partida y yo con un pepinazo al otro lado de la línea que no hacía más que pedirme hilo. Fue cuestión de segundos y parece que reaccionamos correctamente. Miguel se alejó rápidamente de aquel árbol con la barca sin dejar de remar y a mi no me quedaba otra que forzar el pez de forma desproporcionada, sabía que prácticamente era imposible salvar ese pez. Después de muchos minutos de lucha, un enganche del que se había desprendido aquel carpón y lo que estaba forzando la Shimano Catana, seguramente terminaría en fracaso. Veinte minutos más de batalla, pedía linea y se la tenía que dar, recuperaba y otra vez a dar linea. Poco a poco y gracias a mi compañero de pesca que hizo de remero implacable, fuimos apartándonos de aquel árbol y llevándola a pantano abierto. Después de unos minutos más de aquella batalla épica, yo medio tumbado en un extremo de la barca y Miguel con la horquilla de la sacadera en la mano, conseguimos ensalabrarla, se trataba de una carpa común que dio en la báscula 27kg de peso, un auténtico “Toro ibérico” con una constitución perfecta, muy larga, proporcionada de cabeza y cuerpo, con una enorme cola y una boca en donde casi cabía la mano.

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Después de contemplarla los tres juntos con cara de asombro y pensando que igual no volvíamos a ver un carpón de ese tamaño en la vida, hicimos unas fotos y la devolvimos a su medio. Terminamos una memorable sesión de pesca de varios días que nos dejaría marcados para siempre, habiendo disfrutado de aquel mar de agua dulce y como no, de sus lingotes de oro puro.

En el mundo del carpfishing suele ocurrir que se persigue el sueño de todo carpista, a pesar de disfrutar de todas las capturas, sus pesos, las batallas y las distintas situaciones de pesca que aportan variedad de satisfacciones, soñamos con la gran pieza perfecta, la carpa de nuestra vida, el record de los records. No será la primera vez que me planteo la pregunta de ¿qué sucedería si pescases un carpon que fuese el pez de tu vida? ¿Qué aliciente podría quedarte después ya que sería muy improbable superar ese peso conseguido?.

Según Zygmunt Bauman, el arte de la felicidad consiste en que la búsqueda de la propia felicidad nunca se acabe, puesto que su fin equivaldría al fin de la propia felicidad. Al no ser alcanzable el estado de felicidad estable, sólo la persecución de este objetivo porfiadamente huidizo puede mantener felices a los corredores que la persiguen.


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