Breaking récords

Junio 2011. Gonzalo Gil. No queremos cuenta atrás sino cuenta adelante. Ese es el deseo de todo pescador de carpfishing, que nuestra báscula sume y sume hasta la cifra de nuestros sueños. Y con ese deseo, fuimos nuevamente a Francia con la ilusión de no parar de contar, de sentir que estamos "breaking récords". Regresamos a Murphys Lake, un maravilloso lago en la que un año antes habíamos compartido una aventura emocionante.

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Semana Santa de 2011. “Todo está preparado, saldremos desde Palencia a medianoche”. Ese fue el último pensamiento de todos antes de vernos, pero atrás quedaban semanas intensas de decidir la distribución de los equipos, cebos, comida, y por supuesto, personas. Y creedme que cuando se plantea un viaje de 7 personas a casi 1.000km de distancia es vital una organización importante pues la seguridad de los ocupantes es lo primero. Después de armarnos de dos vehículos y un gran carro de combate, condujimos toda la noche hasta llegar a nuestro destino: Murphys Lake.

Era un destino conocido, pues habíamos estado el pasado verano y pudimos vivir grandes sensaciones a pie de orilla. Logramos obtener varios ejemplares apodados por el gerente, es decir, carpas que cumplen el requisito de pesar +20kg y por tanto, piezas codiciadas entre los pescadores. “Three scales” con 24,5kg y “Stella” con 21,5kg fueron nuestras medallas de oro y plata, pero atrás quedaron muy buenos ejemplares entre 15 y 19KG. Una sesión que tardaremos en olvidar.

Pero aquí estábamos otra vez. Cuatro integrantes repetíamos (Lytos, Erre, Molina y yo) y uno se estrenaba (G-SUS). Todos con ganas de conseguir una carpa francesa de ensueño que superara nuestro récord en el país vecino. Era un reto realmente difícil pero, ¿y si conseguíamos superarlo todos? Sería el viaje perfecto. Lytos (18,3KG), Erre (13,5KG), Molina (18,9KG), G-SUS (14KG) y yo (21,5KG) sabíamos que era la época perfecta y que, con una buena estrategia y como siempre, un pelín de suerte, conseguiríamos grandes sorpresas.

   
   
   
   
   
   
   
   
   

Reservamos meses atrás el lago para nosotros, requisito fundamental para poder abordarlo con garantías. La semana previa iba a ser visitada por el maestro Rod Huchitson pero un problema en su caravana le hizo posponer el viaje a Otoño. Así pues, la semana previa a nuestra visita el lago descansaría de líneas, barcas y todo tipo de ingentes ruidos que pudieran afectar a nuestra semana de pesca. Solamente teníamos un miedo escénico: el desove. El mes de Marzo había sido caluroso y Abril no cambió ni un ápice, por lo que nuestro temor era que nuestra semana fuera empleada para que las carpas realizaran “otras actividades varias”.

Descargamos todo el material y empleamos varias barcas del lago para cruzarnos a la isla. El lago tiene forma de muela y desde la base podíamos pescar absolutamente todo el lago. Después de varios viajes, conseguimos transportar todo el material y montar el campamento base. Sin perder un minuto, y con objeto de situar las bivvis lo más cercanas al trípode, sorteamos los puestos, determinando minutos antes cómo abarcaríamos el lago. ¿Líneas superficiales o líneas hundidas? Cada uno eligió su estrategia en cada puesto pero si puedo decir, después de terminar la semana, que las superficiales fueron ligeramente más efectivas. Os explico por qué.

La isla permite afrontar de frente la carretera que pasa junto al lago. Entre el agua y al asfalto se coloca una batería de árboles cuyas raíces se encuentran en tierra pero finalizan en el agua, siendo la profundidad de escasos 50-60cm. A partir de ahí, un escalón de 1-1,5 metros permite eludir todos los árboles. Por tanto, desde la isla, la profundidad va creciendo hasta los 2,5-3metros para ir subiendo progresivamente hasta llegar a los 50cm. Aunque usáramos leadcore de 2-3metros y un plomo bala de 10gramos al final del mismo, desde éste hasta el plomo de línea, teníamos una elevación de 45 grados, lo cual no evitaba que las carpas, en sus recorridos, tocaran las líneas, provocando falsas alarmas. Las líneas superficiales permitían, gracias a una pinza estándar de la ropa, descender el leadcore desde una rama en línea recta, provocando en el agua el efecto “rama”, no provocando ninguna alarma en falso.

Así pues, con el 80% de las cañas en el muro, decidimos situar cañas aisladas en cada una de las reculas con el objeto de, al no estar transitadas, pudieran ofrecernos buenas picadas. Así comenzamos la aventura que poco a poco iba proporcionándonos buenas capturas pero algo nos preocupaba y es que las carpas no paraban de frezar. 24horas intensas de correcalles en el muro y el no haber conseguido llevar ninguna hembra a moqueta nos provocaba incógnitas. Los machos desprendían “alegría” en la moqueta y el muro estaba lleno de huevas en las raíces de los árboles. ¿En qué situación estábamos? ¿Pre-freza? ¿Post-freza? ¿En mitad de la cena?

Las dudas empezaban a disiparse cuando ejemplares de gran tamaño empezaban a poblar las moquetas y las picadas se sucedían. Habían frezado, no había ninguna duda, a pesar de que Peter, el gerente, nos había asegurado que no. Imaginaros hembras de +20KG totalmente vacías. ¡El peso que habrían alcanzado semanas antes!

No dudamos en repetir nuestra estrategia de pesca y cebado que tan buenos frutos nos dio en verano. Semilla y más semilla. Los boilies nos servían para acompañar el plato. Cada uno de nosotros tenía bajo el trípode su particular ejército de botes, cada uno de ellos con plásticos artificiales imitando maíz, chufa y cacahuete remojados en los más variados aromas, pero se impusieron el Trigga de Nutrabaits y el K12 de Vitalbaits en salado y el Kiwi de Prologic y Piña de Nutrabaits, Solar y Richworth en dulce. Los montajes se montaban sobre un anzuelo LSC del número 8 con únicamente dos granos de maíz, de tal manera que quedaba perfectamente compensado sin necesidad de plomo de contrapeso. Plomos pera u oliva de +120gramos, sistema lead-clip de rápida liberación y leadcore unido directamente a la línea principal sin nudo para facilitar la liberación del plomo. Junto al cebo, únicamente dejábamos caer un puño, no más, de maíz dulce junto a boilies troceados de gran calidad. Ni más ni menos, nada de cebaderos sino basándonos en buscar donde come el pez y proporcionándole “lo justo”, lo que podríamos considerar un aperitivo de buen gusto. La estrategia funcionó a la perfección.

Sentíamos rabia por no haber llegado 2-3 semanas antes pero, a pesar de todo, conseguimos cumplir nuestras ilusiones y todos, sin excepción, conseguimos romper nuestros récords en Francia. G-SUS consiguió el primer carpón de la semana con 18KG y el pobre recuerdo que dijo “Me vais a superar todos”. No le creíamos. Ahora le puedo decir que a qué santo se lo pidió porque funciona, porque encima se fueron superando uno detrás de otro, en orden. Erre volvió a ser, junto a Molina, quien obtuvo mayor número de peces, y esta vez sí, consiguió llevar a la moqueta el segundo día un carpón de 20,3KG. Molina puso el listón muy alto al conseguir una increíble royal que bien se hubiera firmado en Sierra Brava con 21,5KG. No se la conocía y desde hoy llevará su nombre. Lytos llevó a moqueta un carpón con 22KG que resultó ser Stella, la misma que cogiera yo hace un año. Yo conseguí, el penúltimo día, una rolliza común de 22,5KG llamada Tatoo.

Vuelta a casa con la sonrisa puesta y felices después de tan larga espera. Son ya muchos viajes al país vecino, muchos kilómetros recorridos (imaginaros Lytos desde Cádiz), pero siempre llevamos la misma ilusión en cada viaje y la sensación de vivir la experiencia con la mejor compañía posible. No se puede pedir más…bueno sí, buenos peces. Y esta vez los hubo.

   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   

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