Luna llena en Guadiana

Febrero 2006. Gonzalo Gil. De todos es bien sabido que el barbo permanece mucho más activo que la carpa en la época invernal. Pero… eso dice la teoría, lo realmente complicado es comprobarlo en la práctica. El equipo Passion Carp quiso asumir este reto un fin de semana gélido del mes de Febrero. Había un condicionante...la luna llena.

Todo comenzó un fin de semana de Febrero, cuando miembros del grupo PassionCarp de Extremadura y Madrid decidimos compartir una jornada de pesca en la capital pacense, Mérida, en aguas del río Guadiana. Concretamos la fecha y finalmente, elegimos el segundo fin de semana de Febrero. La elección de ese fin de semana no fue aleatoria sino fruto de una doble reflexión. Por un lado, coincidía que se acercaba un anticiclón con viento suave del sur y que iba a permanecer durante más de una semana sobre la Península Ibérica. Se acercaba la primera oleada de “calor” del año, es decir, temperaturas suaves de unos 17º de máxima y 6º de mínima. Por otro lado, nos aguardaba la tan desconcertante luna llena. Para unos, significa el “paraíso”, noches de intensa actividad y grandes piezas. Para otros, su presencia es síntoma de inactividad y aburrimiento. En fin, con esta doble premisa, nos remontamos al escenario de pesca…

Viernes. 16h.

Partimos desde Madrid hacia Mérida los miembros del equipo Jaime, Eduardo y yo, Gonzalo. Abel y David, esperaban nuestra llegada en tierras extremeñas. 20h. Llegamos al escenario de pesca que nuestros amigos extremeños habían elegido para el reto, una tabla del río Guadiana muy tranquila que semanas anteriores les había dado muy buenos resultados. Realizamos el sorteo de los puestos y comenzamos a montar los equipos cuidando al máximo cada detalle. Decidimos entre todos tentar al barbo con cebos naturales y boilies salados de fuerte atracción (cangrejo, pescado), ya que existe una gran población de cangrejo americano e intuíamos nos sería más fácil engañarlos con cebos similares a su alimento natural. Sabíamos que donde estábamos pescando era zona de paso del barbo, la cuestión era saber si frecuentarían nuestra zona con cierta fluidez y sobre todo, si lo harían la primera noche. Los equipos ya estaban montados, los cebos reposaban sobre el fondo, las alarmas aguardaban a la espera…estaba todo a punto para posibles envestidas. 

22h. Ultimando los equipos, preparamos las bed-chairs sobre sacos de cinco estaciones para protegernos del frío y los paraguas tipo “oval” para hacer lo mismo del viento. La noche avanzaba y a las 4am una de las alarmas de Eduardo, como si de una sirena de bomberos se tratara, empezó a pitar a todo volumen. El resto del grupo, asustados, nos levantamos ante la fortaleza de la picada. Eduardo cogió la caña, clavó y mala suerte, el pez se llevó el cebo sin oposición nuestra. El resultado de esta picada fue un contagio de emoción que nos hizo conciliar difícilmente el sueño. Leves intentos de picada surgieron en mitad de la noche pero los peces seguían indecisos.

Sábado. 9h.

Poco a poco iba amaneciendo cuando otra de las alarmas de Eduardo nos avisó de que un pez había engullido el cebo. Eduardo clavó y tras una sorprendente lucha cobramos una carpa de 4kg. El equipo entero quedó realmente sorprendido ya que la tabla elegida nunca había dado carpas. El sol iba elevándose lentamente y procedimos definitivamente a comprobar el estado de los cebos, ya que no se habían cambiado en toda la noche. Cada miembro del grupo revisamos nuestras cañas y llegamos a la conclusión de que los resultados no se habían obtenido porque el pez no estaba comiendo en la tabla, ya que los boilies seguían despidiendo aromas y era difícil que en un cortado de 12 cañas no se obtuvieran picadas en una noche entera. Abel y David empezaron a recordar nuevas tablas que llevaban tiempo sin pescar y que buenas piezas les habían dado. David hizo hincapié en visitar una tabla muy concreta. Recogimos los equipos sabiendo que estabamos jugando un todo o nada y que nos quedaba un día para volver y los resultados brillaban por su ausencia.

13h. Llegamos al puesto y me quedé muy sorprendido del escenario que se presentaba ante mí, ya que la tabla elegida se correspondía con un estrecho del río que en mi sano juicio nunca habría elegido para practicar el CarpFishing. La anchura de la tabla no llegaba a 40 metros. La profundidad era mínima, había un máximo de 2 metros. Tanto Abel como yo mostramos nuestra disconformidad con el puesto, pero sólo bastó darnos una vuelta por los alrededores de la tabla para percatarnos de lo siguiente: a nuestra derecha, encontramos a un pescador de coup al que preguntamos, “¿Qué tal se está dando la mañana?”. Su respuesta fue clara, “Podría darse mejor”. Sorprendidos, volvimos a preguntar acerca de los peces que había pescado, ya que la oscuridad del agua nos impedía ver los peces que aguardaban en el rejón. Nos contestó, “Esperad, que recojo porque me voy a casa, os los enseño”. El pescador recogió el rejón y mis piernas empezaron a temblar cuando vieron cerca de 30 carpas sobre los 2kg y un lucio de 4kg que inexplicablemente se había lanzado a por un asticot. Miré fijamente a Abel y le dije, “¿Cómo puede salir tanto pez de este meandro? ¡Si parece una piscina de lo pequeño que es!” Inmediatamente, procedimos a descargar los equipos de los coches y empezó la nueva aventura, esta vez con mayor ilusión.

16h. Todas las cañas estaban de nuevo en el agua pero seguíamos sin noticias de los barbos. Fuera de toda lógica, Eduardo decidió caminar por la orilla un rato y se llevó su caña de spinning con una ondulante (Esa caña que todo pescador lleva en el coche por si….). No llegó al tercer lance cuando apareció con un barbo comizo de casi 4kg que se había lanzado sin pensarlo a por la vibratoria. Nos miramos todos y empezamos a reírnos como nunca pensando que qué más hechos surrealistas nos podían suceder. Una carpa en una tabla dónde nunca las había habido, un lucio clavado con un anzuelo del 20, y por último, un comizo a cucharilla al segundo lance. Realmente sorprendidos, empezamos a disfrutar de esos relatos de CarpFishing que cada uno ha vivido y que siempre se cuentan en cada sesión, cuando sobre las 17h, una de mis alarmas empezó a sonar sin pausa. Como si de una carrera de relevos se tratara, empecé a correr, me presenté ante el trípode y procedí a clavar. ¡Si, lo tengo! Empieza la lucha, izquierda, derecha… ¡Tiene que ser un barbo! ¡Si! ¡Rápido, la sacadera! ¡Lo tenemos! Un barbo comizo de unos 4kg nos sorprendió gratamente levantando ilusiones en el grupo. Procedimos a oxigenar al pez y lo introducimos en el saco de retención. Buscamos una zona amplia y oxigenada para dejar el pez pasa su posterior foto y suelta a su medio. No pasó ni una hora cuando una de las alarmas de Eduardo empezó a sonar y… ¡David, tu alarma también! ¡Un doblete! Ambos corrieron dirección a su trípode y comenzaron sus respectivas peleas. Jaime, Abel y yo decidimos repartirnos y ayudar a cada uno de ellos a cobrar el pez ya que la lucha era bastante intensa y no les sería posible cobrar ellos mismos a los peces. Tras 10 minutos de combate por ambos pescadores, consiguieron cobrar un barbo comizo cada uno. David, obtuvo un pez con un peso cercano a los 5kg mientras que Eduardo consiguió clavar el que hasta ese mismo momento se convertía en la captura más grande de la sesión, 5kg y 600 gramos. Todos pensamos lo que cualquier pescador de CarpFishing piensa en esos momentos “¿Os habéis fijado que va aumentando el tamaño en cada captura que conseguimos?”. 

La noche iba cayendo y las alarmas empezaban a dar síntomas de actividad: pequeños arranques, ligeros toques… Nosotros, casi mordiéndonos las uñas, seguíamos esperando ese arranque sin pausa que hiciera chirriar nuestros oídos. Mientras tanto, empezábamos a preparar la cena y como siempre suele pasar…basta que empieces a prepararte para recuperar fuerzas cuando… oímos la carrera de la alarma de Abel mediante el receptor inalámbrico y claro está, si tienes una picada en medio de la cena… “¿En qué trípode suele ser? El más alejado de todos”. Es decir, como a 100 metros de donde estábamos cenando. Abel empezó la carrera sin pensárselo dos veces. Cogió la caña y clavó, “¡Sí! ¡Lo llevo!” Agotado por la carrera que se había dado y por la lucha del pez, lo primero que hizo nada más obtener la captura fue pedirnos agua y una hamaca. Después de las correspondientes felicitaciones, levantó un comizo de más de 5kg que bien mereció el aplauso de todos.

20h. Y comenzó lo impensable. No hizo más que aparecer la luna llena cuando los ligeros toques se convirtieron en carreras sin control. Eduardo no terminaba de entender como podían iluminarse dos de los tres leds de su receptor, cuando oímos las líneas de sus dos carretes que ocupaban las posiciones extremas del trípode salir a toda velocidad. ¿Qué se hace en esas ocasiones? Imaginaros que coges una de las dos cañas y en la otra está la captura de tu vida aguardándote y al final, termina cobrando el pez tu amigo del alma con quien siempre vas a pescar. Lo que sientes no se puede definir. Pero….estas circunstancias hacen de la pesca algo realmente bello, porque no es aplicable el concepto de predicción. En este caso, Eduardo eligió la caña correcta y clavó un precioso barbo de 5,800 Kg. que le supo como el mejor gazpacho andaluz. Jaime, le ayudó con la otra caña obteniendo una pieza de 4,600 Kg. Con ambas piezas, y por cuestión de azar, habíamos clavado todos un comizo extremeño, lo cual nos llenaba de orgullo pues nadie se volvería a casa de “bolo”. Pero queríamos más…la noche había empezado.

Como si de una sonata se tratara no pasaron ni 10 minutos sin que una alarma diera señales de vida, unas veces por leves toques, otras por auténticas carreras. El caso es que, cada uno en su saco y cerca del trípode correspondiente, empezó su noche de barbos. Lo más curioso de toda esta aventura, fue que los peces se ponían de acuerdo para no picar a la vez y cuando se levantaba, por ejemplo David, a clavar un pez, el resto dormía y él iba acumulando piezas. De igual modo, cada uno de nosotros nos levantábamos a cobrar las piezas mientras los demás dormían. Esa es la conclusión a la que llegamos a la mañana siguiente porque mi pensamiento cada vez que cobraba un pez en la noche era, “No me creo que esté pescando yo sólo”.

Domingo. 8h.

Nos reunimos en el puesto de Eduardo para el desayuno, que era el puesto intermedio, y nos miramos los unos a los otros atónitos… Cada uno había vivido su propia noche, como si estuviera pescando sólo, disfrutando de los maravillosos barbos del Guadiana y una luna que no dejaba un instante de alumbrarnos el escenario. El resultado de tan fabulosa noche fue de 24 barbos repartidos de la siguiente manera: Eduardo (7), David (6), yo (5), Abel (3) y Jaime (3) pero lo que nos maravilló de verdad fueron los 6 barbos que superaron los 6kg de peso. David consiguió clavar una hembra con un tono asalmonado precioso de 7kg, yo ocupé el segundo puesto con un barbo de 6,5 Kg. y Eduardo el tercer puesto con dos barbos de 6,3 y 6,2 Kg. En definitiva, una pesca como las de antaño, un recuerdo imborrable.

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Recogimos los equipos y reunimos todos los peces sobre un colchón suave previamente mojado para que no perdieran la mucosa protectora que llevan. Imaginaros el descontrol de peces saltando por el colchón, increíble. Fotos, videos…una auténtica película. Todo el equipo vertíamos constantemente agua sobre los peces para que sufrieran lo menos posible su salida del entorno habitual. Después de haber enmarcado el recuerdo en formato digital no pudimos dejar de escuchar los continuos comentarios de los 6 pescadores de coup que se habían situado al amanecer en la orilla de enfrente. “¡Madre mía! ¡Cuantos tienen! ¡Alguno es muy bueno! ¡Qué van a hacer con tanto pez!.....y la mejor de todas, entre ellos, ¿Has sacado alguna vez un pez así de grande?” Cómo si de bebés se tratarán, devolvimos cuidadosamente cada uno de los peces al agua. 

Terminada la sesión, nos despedimos entre abrazos y decidimos volver a juntarnos el año que viene e intentar repetir esta hazaña. No sabemos que ocurrirá la próxima vez, pero lo que está claro es que a día de hoy, ninguno de los miembros que ha vivido este reto, puede olvidar la NOCHE DE BARBOS.

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