Reflexión de un carpista

Junio 2014. Eduardo Zancada. Muchos de nosotros nos estancamos con los años en costumbres y hábitos que nos han aportado éxito en el pasado, pensando que con esas mismas técnicas seguiremos teniendo los mismos resultados benévolos, algo equívoco, pues como en la vida, no hay nada mejor que confundirse y fracasar para poder aprender de nuestros errores, mejorar, crecer y superarnos a nosotros mismos, en busca y quizás, de la pieza soñada.

¿Qué sucedió en tu sesión de pesca?

Hay carpistas que actúan siempre de la misma manera, por costumbres o resultados positivos en determinadas aguas. Los cebados son repetitivos y de cantidades similares, sin adaptarse a las zonas de pesca, la climatología o estación del año en la que se encuentran. Arrojan a las aguas cantidades ingentes de pellets, chufas, boilies y semillas, sin prestar atención a sus actos, pues la jugada a veces les sale bien y consiguen algunas capturas. ¿Qué cantidad de capturas obtuviste en tu sesión de pesca? ¿de qué tamaño? ¿Por qué lo conseguiste? Unos dicen que “estaban entrando bien” hacía buen tiempo y “estaban por comer”. Y es que hay tantas preguntas que un carpista se podría llegas ha hacer y en realidad no se hace… Igual la respuesta más acertada fuese que la presión atmosférica, junto con un viento de cara a tu orilla más la profundidad a la que tenías tu hot spot en fondo liso y limpio, fueran los detonantes de algunas capturas en tu sesión de pesca.

Recuerdo una sesión de pesca de hace años al que acudí con un amigo, era un pequeño embalse del que teníamos muy buenas referencias. Era nuestra primera vez en aquellas aguas, algo peligroso y delicado a su vez. De forma rápida y casi automática, montamos los equipos, sondeamos la zona y preparamos el puesto, dándonos la sonda un fondo liso y limpio con un montón de peces, incluso había actividad en la superficie. Lamentablemente nos percatamos tardíamente después de dos días, de que nuestros montajes se encontraban enterrados en el fango putrefacto, aquel innombrable en donde ni comen ni descansan ni toman el sol nuestras queridísimas amigas.

En el mes de febrero estábamos pescando con una media de doce metros de profundidad a ochenta metros de distancia de nuestra orilla, en aquellas zonas en donde se supone que se encuentran nuestras amigas con temperatura más estable, el llamado termoclima, los peces no mostraban actividad alguna y tan solo obtuvimos una captura nocturna. Hacía un día de mucho frío, pero soleado y sin viento, en donde bastó dar un paseo para encontrarme en una recula cercana, media docena de carpas a tan solo medio metro de profundidad y a medio día. Aquello era imposible, ¿qué hacían ahí? Simplemente estaban tomando el sol…

Cuando tenemos éxito en nuestra sesiones de pesca no prestamos atención al asunto, limitándonos a disfrutar de la pesca y de todo lo que la rodea. Quizás deberíamos sacar conclusiones en limpio y aprender de los errores, de los bolos y las malas situaciones, en donde no estuvimos en el lugar adecuado, con las condiciones idóneas y el montaje apropiado. Pero no por ello resulta menos importante las situaciones de éxito, en donde tendremos como referente cómo debemos hacer las cosas.

¿Qué importancia tiene tu puesto?

Con frecuencia suelo observar algunos compañeros que no prestan atención a sus actos, cegados por el momento de la acción, la sesión de pesca y la preparación de sus mallas de pva y boilies, denostando y quitando importancia a la elección del puesto y la preparación del mismo, que no es baladí. Creo que dos de los factores esenciales siempre serán la localización de un buen puesto de pesca en consonancia con la localización de los peces y cómo no, la preparación de dicho puesto de pesca, un mundo paralelo, individual y del que depende un gran porcentaje el éxito.

Hay paraísos en determinadas zonas de embalses, puestos de pesca que parecen sacados de cuentos, como si estuviesen hechos a propósito, bajo arboledas, con orillas perfectas, junto a un llorón en donde nuestra tienda encaja a la perfección y queda cubierta por un tupido follaje de grandes árboles. Ojala en esos puestos se encontrasen los record, todo sería perfecto y estoy seguro de que nuestras mujeres siempre querrían acompañarnos en todas nuestras sesiones de pesca.

La realidad es muy distinta y se traduce en forma de zarzales inaccesibles, barrizales en donde tenemos que apostarnos y no quitarnos el vadeador en días enteros, barrancos de piedras e hileras de densas junqueras en donde tendremos que abrirnos paso hasta la orilla. Y resulta que esta conclusión siempre suele ser la misma y dar resultado, pues son lugares inaccesibles, complicados, pero tranquilos y deseados,porque ellas están ahí en donde está la calma, donde hay comida natural en abundancia e inaccesibilidad para el resto de los mortales. Queda claro que no podemos dejarnos llevar por la comodidad y entusiasmo de lo espectacular que parezca el puesto, debiendo olvidarnos por completo de la orilla e intentar pensar como un pez, ¿Qué tontería no?

Acción y reacción

Me dicen: “Pues en el río en el que pesco actualmente es muy difícil capturarlas y las pocas veces que pican a los boilies, se meten como locomotoras en la orilla de enfrente bajo los zarzales y las pierdo, pero el otro día me hice un bait-mesh con las moras de los zarzales de la otra orilla y conseguí un montón de capturas”. Pues muy bien, ya has conseguido algo por ti mismo, superando los obstáculos y adaptándote al medio al que te enfrentas, enhorabuena.

Otro: “ En el embalse al que acudo yo de pesca ya no pican, tienen tanta presión de pesca que ya no entran a los cebaderos, llevo diez bolos de sesiones y no pienso regresar a esas aguas”. Igual deberíamos plantearnos determinadas situaciones de otra manera e intentar pensar como un animal o en este caso un pez, pues quizás exista una franja entre los treinta y sesenta metros de distancia, en donde los peces ya no comen por tenerla identificada como zona de alto riesgo, lo mismo que puede suceder con determinados obstáculos que antaño fueron puntos calientes dando muchos peces. ¿Te has parado a pensar en el por qué, el por qué de todas estas cosas? ¿pensar como una carpa? Que tonterías…

En una de mis últimas sesiones de pesca, teníamos una temperatura de las aguas en torno a los 11º y pensando en pescar en zonas de profundidad media, situamos todas nuestras cañas entre los cinco y los ocho metros. Únicamente dos de las ocho cañas se posicionaron a metro y medio de profundidad, prácticamente poniendo la postura con las manos. Los resultados de la sesión en los cinco siguientes días, fueron numerosas carpas de gran porte en las dos únicas cañas que se encontraban a metro y medio de profundidad, permaneciendo el resto de cañas intactas durante seis días. Quizás las teorías del carpfishing no funcionen siempre y haya que actuar de una forma radicalmente contraria y casi absurda para conseguir los mejores resultados.

El por qué de las cosas

La mayoría de las veces no nos paramos a analizar muchas de las situaciones que vivimos, en donde podríamos preguntarnos ciertas cuestiones como qué come una carpa de 25kg, ¿por qué se come un boilie? ¿el color, sabor, las proteínas, semillas? Sencillamente ¿por que le gusta? ¿te lo has planteado alguna vez?

¿Puede que los ciprínidos sean carroñeros? ¿y depredadores en ocasiones? En principio las teorías del carpfishing dicen que no, pero creo que podríamos cuestionar esta teoría y hablar largo y tendido sobre este asunto, pues hay cosas que hasta que no las ves no las crees.

Cuando acudes a tu sesión de pesca ¿qué es lo que te planteas? ¿ Únicamente aprendes algo cuando te obligas a reflexionar por haber sufrido un gran “ bolo” ? seguramente sea mucho más productivo sacar partido a tu sesión de pesca cuando estés gozando del éxito y observar cómo, cuando, dónde y de qué forma preparaste tu sesión de pesca y así, tal vez la próxima vez lo puedas repetir en otro lugar.

Te has preguntado alguna vez ¿por qué las grandes y viejas carpas parece ser que no entran con confianza en el epicentro de los cebaderos? ¿Podría tener esto que ver con el viejo jabalí que lleva delante suyo al llamado “escudero” (pequeño, joven e incauto que se mueve por impulsos)? Podría ser un sinónimo en la naturaleza esta costumbre y por ello primeramente suelen entrar los peces pequeños y medianos hasta que finalmente se introducen los grandes. ¿Y si esto es así? ¿Por qué motivo en otras ocasiones las grandes carpas van en solitario?

Ciclos de actividad

¿De qué dependen los ciclos de alimentación y actividad de los ciprínidos? Esta teoría no quiero que os la cuestionéis, la confirmo y reafirmo, pues en el medio no solo debemos fijarnos en la actividad de los peces, ya que al igual que ellos, los pequeños pájaros, aves, anfibios etc, entran en estados y picos de actividad cíclicos, algo que no suele fallar para identificar esos momentos mágicos en los que nuestras carpas se alimentan. Dichos ciclos pueden alterarse según fechas y embalses determinados y el momento clave de actividad lo podremos localizar con ciertos indicadores como los que acabo de mencionar.

El secreto del carpfishing

Podrá haber cebos mejores o peores, lo cierto es que al fin y al cabo, hay boilies que pescan más pescadores que peces, y hay otros pescadores que con cebos naturales consiguen las mismas o mejores capturas que el carpista que utiliza la última novedad en cebos solubles ultravioletas con efecto crunch y columna de partículas de humo. El resultado de todas estas cuestiones podremos investigarlo y encontrarlo a lo largo de nuestras vidas como carpistas, pero llegados a este punto, debemos preguntarnos si nos merece la pena encontrar “el secreto o la fórmula del carpfishing”.

Si hay algo que de verdad nos inquieta y no encontramos la respuesta, puede que lo más sensato sea dejarlo estar. Sencillamente hay cosas que es mejor no saber y dejar al factor suerte y la llamada sorpresa aparecer por si mismas, sorprendiéndonos y dejándonos ver, que si encontrásemos las respuestas a esas preguntas mágicas, esto ya no sería carpfishing y perdería su gracia y magia.

Tal vez la próxima vez que acudáis a vuestra cita en algún pantano de cuyo nombre no me quiero acordar, lo más coherente sea sentarnos tranquilamente a meditar y dejar que la propia naturaleza nos “indique” cómo, dónde y cuando debemos actuar.


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