Un cambio obligado

Junio 2007. Gonzalo Gil. “El cambio es necesario”. Esta frase popular en nuestra sociedad es repetida en multitud de medios como la televisión, radio, prensa, etc. La cuestión es, ¿por qué no extenderla y aplicarla a la pesca en nuestro país? Antonio González Sansón, es un pescador extremeño que se ha sumergido en el apasionante mundo del Carpfishing buscando en él una sinergia y convivencia con la naturaleza, una pasión por los peces y el medio en el que habitan. 

Sus comienzos en la pesca

Antonio, natural de Santa Marta de Magasca, comenzó su andadura en el mundo de la pesca a los 7 años, acompañando a su padre los fines de semana a las charcas más cercanas de su pueblo. Buscaban carpas y barbos preferentemente y empleaban para ello cebos tan populares como el maíz, garbanzo, patata, lombriz, etc… Lanzaban las cañas y esperaban las picadas al mismo tiempo que disfrutaban de esas meriendas en el campo que tanto recordamos muchos. La pesca era una actividad complementaria al ocio y al disfrute de la naturaleza y el tiempo libre.

Las picadas se sucedían cada fin de semana y se obtenían capturas que reconfortaban las jornadas. Él observaba, desde su posición de pescador, que el resto de pescadores que frecuentaban las orillas no prestaban ningún cuidado al pez. El pez era atraído hacia la orilla, unas veces con sacadera, otras veces arrastrado hasta verlo completamente fuera del agua. Se desanzuelaba, se tomaba de las agallas y se introducía en una bolsa o mochila de paja para ser degustado en las comidas. Muy pocos peces eran devueltos al agua, ya que precisamente esta acción, era difícil de ver por parte de un pescador.

Antonio y su padre formaban parte de ese grupo de pescadores a los que éstos miraban de forma “alocada” y con desprecio, como si estuvieran infringiendo una ley o perjudicando a alguien, por liberar a un pez al medio del que había sido robado. El trato al pez que Antonio proporcionaba no era tan basto como el resto de pescadores, pero si tomó malas costumbres de la época.

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Reflexión de un pescador

Antonio, a medida que fueron pasando los años, empezaba a encontrar en la pesca un escape, un hobbie más allá de lo puramente deportivo, una pasión por una afición que llenaba su espacio de ocio. Buscaba la manera de ir de pesca siempre que podía. La bicicleta se convirtió en su mejor transporte.

A medida que pasaba el tiempo fue cambiando sus hábitos y el primero de ellos fue el trato con el pez. Ya no esperaba a tenerlo fuera del agua para desanzuelarlo sino que en el mismo medio (agua) y sirviéndose de una sacadera un tanto ortodoxa, liberaba al pez en su hábitat natural con la grata sensación de no haberle infringido más dolor que una pequeña herida en sus labios. El pez ya no se se rebozaba en la arena, ya no se le confería dolor al introducirle un dedo por la agalla y centrar su peso en un músculo, ya no se golpeaba con el suelo tras levantarle una y otra vez tras su comportamiento inquieto, ya no sufría…

Este cambio de costumbres coincidió con la implantación de una nueva cultura en el mundo de la pesca. Nació el concepto de “Captura y Suelta” y con él, multitud de modalidades de pesca que fueron seguidas fervientemente en España. Una de ellas, el Carpfishing, aterrizó en la década de los 90 en Europa, más concretamente en Inglaterra y Francia.

La unión hace la fuerza

Pescadores extranjeros, la mayoría ingleses, empezaron a explorar nuestras aguas practicando una técnica, desconocida por completo para los españoles, denominada CarpFishing. Esta modalidad de pesca, tenía como pilar fundamental el RESPETO por el medio ambiente mediante la búsqueda de grandes ejemplares de carpa y barbo, su cuidado y su devolución al medio del que provenían.

De esta manera Antonio, en una de sus salidas de pesca por aguas extremeñas, se quedó atónito al contemplar la preparación de uno de estos pescadores. Todo era armónico. Grandes capturas, excelente trato, fotos para el recuerdo y el deseo, al devolver el ejemplar a su medio, de volver a estrecharlo el día de mañana. La comunicación se hizo difícil pero el pescador inglés le regaló la posibilidad de observar todos y cada uno de los pasos que el daba para conseguir tan bellísimas capturas. Como un niño delante de un televisor, Antonio no perdió detalle alguno y aprendió rápido los conceptos fundamentales del Carpfishing.
Sus comienzos en el carpfishing

La sesión interactiva con aquel pescador y los primeros artículos de Carpfishing que fueron apareciendo en las revistas españolas, le sirvieron a Antonio de enganche para adentrarse en esta modalidad de pesca.

Empezó a sentir verdaderas vibraciones en el cuerpo con sólo imaginar lo que sería abrazar un pez de 15kg de peso y saber que un día podría capturar el mismo pez con mayor peso. El pescador inglés le explicó que un pez de tales dimensiones tiene aproximadamente los mismos años de vida que su peso y eso le infundió a Antonio más respeto aún pues no podía descuidarse en ningún aspecto con el trato hacia el mismo.

Adquirió su primer equipo de pesca específico para esta modalidad hará unos 5 años. Era consciente de que esta modalidad requería mucho material y nada barato, así que, ajustándose a sus posibilidades se hizo con todos los materiales básicos para poder disfrutar del Carpfishing.

Lo tenía muy claro. ¿Dónde empezar? En su pantano de siempre, dónde pescaba con su padre. Ese pantano fue fruto durante tres años de su nacimiento y evolución como pescador de carpfishing.

Depurando la técnica

Se adaptó poco a poco a la modalidad de pesca. Empezó pescando a fondo de forma tradicional con la salvedad de presentar el cebo en el hair en vez de directamente al anzuelo. El concepto boilie todavía era una palabra no traducible para él. Tomó al pie de la letra la idea de preparar un puesto y pescarlo asiduamente. Así fue como todos los fines de semana se colocaba en el mismo lugar, cebando la zona con gran cantidad de semilla cocida y calculando semana tras semana que cantidad era la adecuada para poder obtener éxito el día de pesca. Muchas capturas fueron obteniéndose pero el tamaño máximo no superaba los 6kg de peso.

El no sobrepasar esa marca personal le hizo adentrarse en la elaboración de cebos caseros. El comprendió que los boilies no eran más que una evolución de las masillas tradicionales. Anis, canela, ajo…, todos estos alimentos formaban parte de las masillas más comunes por los pescadores de la zona. Partiendo de esta premisa y probando continuamente nuevas mezclas empezó a diferenciar que olores y sabores empezaban a ser reclamados por los ciprínidos.

Así fue como, fruto de una mezcla de esencias dulces, consiguió con un boilie de 22mm aproximadamente realizado a mano, su mayor captura con 8kg de peso. Pero, no sólo se dio cuenta de que estaba seleccionando al pez sino que además, las carpas empezaban a encontrar en el boilie una fuente natural de alimento provocando en ellas confianza a la hora de tomarlos. Pescadores lugareños no daban crédito a lo que veían y curiosos se acercaban hacia él intentando conocer su técnica y sobre todo, el motivo por el cual todos los peces eran devueltos al agua.

Habían pasado 15 años desde que pisó por primera vez ese pantano, estabamos en el siglo XXI, y la cultura de los pescadores no había cambiado. Antonio intentó hacer entender a más de un pescador los motivos que le llamaban a practicar el Carpfishing, pero fue incapaz de conseguir que ellos lo practicasen. Las necesidades daban prioridad al ocio y no hubo manera de hacerles entrar en razón.

Cambio de escenario

Tras 3 años de pesca en el mismo escenario decidió dar el salto y buscar esas carpas de las que hablaba aquel pescador inglés años atrás. Busco referencias en las revistas y en ellas se citaban lugares en Extremadura donde se habían conseguido grandes ejemplares de carpa. Desgraciadamente, de vez en cuando aparecía en las revistas capturas con una soga recorriéndola sus agallas y le enfermaba de tal manera que afectaba a su vida cotidiana en forma de mal humor.

Decidió adentrarse en uno de los pantanos más conocidos de Extremadura, famoso por sus grandes y difíciles carpas. No quedaba muy alejado de su casa y pensó que valía la pena intentar obtener una picada en ese lugar pues detrás de la línea podía situarse la carpa que siempre había soñado.

La primera vez que visitó el embalse, a primeros de octubre del 2005, tuvo la suerte de encontrarse el mismo a un nivel paupérrimo. El verano había sido muy caluroso y la primavera había registrado pocas precipitaciones. Este detalle le sirvió para conocer el tipo de fondo con el que iba a luchar. Fondo de grava con multitud de árboles sumergidos complicaban la tarea de conseguir alguna captura de sus aguas. Preguntó a un lugareño sobre el antiguo caudal. Éste le señaló perfectamente su recorrido y empezó a trabajar su puesto en base al conocimiento adquirido.

Preparación del puesto

Las dos primeras semanas le sirvió para descubrir la dureza del lugar. Su novia Saray empezaba a acompañarle en sus salidas. A base de perder plomos y anzuelos, consiguió dar con una zona limpia escudada a ambos extremos por árboles típicos del lugar. ¿Ventajas? El sabía que estaba pescando en el caudal, donde el pez por naturaleza se alimenta. ¿Desventajas? Tenía que ser más que hábil para esquivar, primero el resto de sus líneas y segundo, los árboles que custodiaban la zona. Cada segundo después de la picada podría suponer el éxito o el fracaso. El cebadero lo realizaba el mismo viernes que llegaba, adentrándose con la náutica y repartiendo 2kg de maíz cocido alrededor de una boya que él usaba como marcadora. Se marchaba a casa para, al día siguiente, presentarse a las 6am con todo el equipo para pasar el sábado. Cebaba el sábado antes de irse y el domingo volvía. Si se hacía 70km en cada viaje desde su casa al pantano, nos podemos imaginar el cansancio que eso podía llegar a suponer. Con eso y con todo, la ilusión podía con él por encima de cualquier cosa.

No cebaba con boilies, siempre con semilla bien cocida. Pensó en su momento, que echar boilies en el cebadero podía suponer que la carpa se llenara y rechazara seguir comiendo. Basaba siempre su cebadero en semilla cocida, en el maíz que tanto es empleado por los pescadores lugareños que frecuentaban el embalse.

Su primera carpa

Tras tres semanas de continúas idas y venidas, sin notar la más mínima picada, un viernes 21 de Octubre, después de haber cebado y recogiendo el equipo para volver a la mañana siguiente, uno de sus tensores bajó lentamente haciendo sonar por un instante su alarma. Su corazón empezó a acelerarse y se acercó sigilosamente al trípode. Observó el tensor acumulando mucha tensión y le bastaron dos golpecitos ascendentes para no dudar ni un instante. Zas! El hilo del carrete huía de la bobina a la vez que Antonio, emocionado, luchaba con el pez. Tras unos momentos de intensos achaques, el pez fue ensalabrado por su novia Saray y rápidamente dispuesto en la moqueta de recepción. Desanzuelado suavemente, Antonio veía el pez como un premio de valor incalculable. Su esfuerzo y tesón no habían sido en balde, lo había conseguido. Tras realizarse una foto para el recuerdo, el pez volvió a su medio en impecables condiciones para reunirse con sus congéneres.

La ilusión de conseguir su primera carpa en tan complicado embalse le ayudó a encarar los meses más duros del año. Las lluvias y el frío empezaban a aparecer y no era agradable la estancia a pie de pantano. A pesar de las dificultades, Antonio no cesó de visitar el embalse, el mismo sitio de siempre, cada fin de semana. Continuaba empleando la misma estrategia de cebado y la misma receta para los boilies (200gr harina maíz, 200gr sémola trigo, 200gr harina trigo, 150gr galleta triturada, 300gr cómida pájaro, 10 dósis de sacarina, 10 huevos, y aroma dulce).

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Empezaron las dificultades

El cebadero comenzaba a dar sus frutos. Semana a semana la comida lanzada en el mismo lugar empezaba a atraer al pesquil y como consecuencia de ello, Antonio tenía picadas regulares cada fin de semana perdiendo todos y cada uno de los peces. Los peces, una vez que notaban el anzuelo bajo sus labios, huían desesperadamente en busca de cobijo hacía los árboles. Antonio era incapaz de salvar los obstáculos y traer un pez a tierra. A raíz de esto, recuerdo que se puso en contacto con nuestro amigo Javier Mármol y posteriormente conmigo, en busca de algún consejo para esquivar el siempre complicado escenario de los árboles sumergidos. Cebaderos estratégicos mediante caminos de semillas para obligar la salida del pez de la zona complicada, técnica de clavada lateral y desplazamientos laterales para evitar el anidamiento de la línea, etc. Estos consejos no fueron en balde pues, pasados un par de meses, a finales de diciembre de ese mismo año, conseguía otra maravillosa captura y récord personal de carpa común, 10kg.

Antonio observaba al ciprínido una y otra vez. Un ejemplar de unos 7-8 años de vida reposaba en su moqueta esperando ser devuelto al agua. Provisto de un vadeador y aprovechando la flotabilidad de la moqueta de recepción, se introdujo en el agua para devolver al animal a su medio.

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Encuentro con PassionCarp

La amistad entre Antonio y yo se remonta años atrás, ya que ambos hemos compartido siempre pueblo de veraneo. Descubrimos la fiebre del carpfishing por separado, de ahí que siempre que hemos coincidido en jornadas de pesca, hemos intercambiado conocimientos y experiencias de lo más emocionante. Recuerdo que a principios de año, le propuse incorporarse al grupo de carpfishing al que pertenezco, PassionCarp. Sin pensárselo dos veces, decidió formar parte de él y desde el primer día, sigue identificado con el grupo y con las personas que formamos parte de él. La ropa representativa del grupo no falta a ninguna de sus sesiones y la hace tan imprescindible como una caña o un anzuelo. Es una persona muy querida por todos los miembros que componen PassionCarp.

Recuperando fuerzas

Transcurridos dos meses desde la última captura, Antonio retomó su pasión en el mes de Febrero, no sin antes haber seguido cebando el puesto cada fin de semana sin llegar a pescarlo. Seguía confiando en su receta de boilies y en su estrategia de cebado.

Durante los meses de Febrero y Marzo, consiguió 5 capturas de mención: 2 carpas de 10kg, 2 carpas de 12kg y una increíble común de 16kg de peso que se convertía en su récord personal.

Antonio comenzaba a experimentar una sensación única. Cada fin de semana conseguía obtener más de una picada y cobrar la mayoría de los peces. Estaba acostumbrándose a salir airoso de cada jornada pero buscaba más, soñaba esos ejemplares que sólo se ven en las revistas. Empezó a indagar en nuevas estrategias de cebado y nuevos ingredientes para la composición de sus boilies.

Entabló varias conversaciones con nuestro amigo común Javier Mármol, quien le ayudó a comprender qué componentes esenciales no debían faltar en la composición de un boilie. En la parte sólida, empezó a incorporar harina de soja por su alto valor proteínico. En la parte líquida, los aceites esenciales (aminos, betaína y ácido butírico) aportaban al boilie un perfil nutricional, digestivo y atrayente que los sabores concentrados y las harinas por si mismas no eran capaces de conseguir.

Las recetas actuales estaban compuestas de 450gr Comida de pescado para gato triturado, 200gr Harina Soja, 100gr Harina Trigo, 100gr Harina Maíz, 100gr Sémola Arroz, 50 gr Pan Rallado, 9-10 Huevos, Sabor Concentrado Cangrejo de Mistral, 15-20ml Aceite de Salmón El Carpón, 20-40ml CherryAmino.

Empezó a incrementar las cantidades de cebado ya que se acercaba la freza de la carpa y el cangrejo empezaba a dar señales de vida. Dejó de emplear maíz únicamente para incorporar engodos, chufa, habines y cañamón a su mix de cebado.

Hacia el mes de Abril, conoció al que es hoy su compañero de pesca, Francisco Javier Palomo Mateos. Javier era pescador tradicional de fondo y, en ocasiones, se llevaba alguno de los ejemplares conseguidos para ofrecerselos a su padre, quién apreciaba el sabor del pescado de río. Antonio le explicó que un ejemplar con un determinado peso lleva en el agua viviendo muchos años y que no merece que un pescador la prive se seguir en su entorno. Le enseñó a disfrutar con la pesca, a amar a los peces y a convivir con la naturaleza. Javier entendió que el Carpfishing iba más allá que el concepto de Captura y Suelta. El Carpfishing, para muchos, era y es una forma de vida, un sentimiento. Cuando Javier comprendió el significado de esta modalidad de pesca, decidió dejar atrás su pasado y convertirse en el mejor compañero de Antonio. A partir de ese día, Javier se convirtió en pescador de CarpFishing, amante de la naturaleza y de las grandes capturas.

El mejor fin de semana

Estaba escrito. Antonio y Javier comenzaron a pescar juntos cada fin de semana y ambos, aprovechando las altas temperaturas que se registraron el pasado año en el mes de Marzo, empezaron a pernoctar en tumbonas a pie de embalse. Aprovechaban el último ápice de luz y se levantaban con la primera brisa. Si hubo algo que cambió su forma de ver la pesca fue el inmenso placer de observar la actividad que de noche se producía. Los peces brincaban por todo el embalse. Alguno incluso a escasos metros del trípode. La sensación era única.

Un sábado a mediados de Abril, una hora después de haber lanzado las cañas, el swinger azul de Antonio empezaba a descender a ritmo de canción. Antonio no dudó ni un instante y clavó. Empezaron los sudores. La forma de arrancar una y otra vez era poco común comparada con el resto de capturas conseguidas anteriormente. Empezaba a percibir que al final de la línea se encontraba un pez de increíbles dimensiones que no podía dejar escapar. Se acercaba lentamente a la orilla cuando, aprovechando uno de los primeros rayos de sol, pudo ver el impresionante lomo del ciprínido. Un poco más de sufrimiento ante las embestidas y lo consiguió. Javier sumergió lentamente la sacadera y la carpa fue introducida. Recostada sobre la moqueta había un ejemplar común de 18kg de peso. Sin palabras se quedaron los dos al ver al ejemplar. Con mucha delicadeza fue sostenido y posado para una fotografía para, a continuación, ser devuelto a su medio no sin antes, ser masajeado por Antonio. Fue un momento inolvidable.

Durante todo el día no pararon de hablar sobre la satisfacción personal que proporciona pescar un ejemplar así y saber que vuelve a estar donde le corresponde por naturaleza, con los suyos. Antonio no podía imaginar como se podía maltratar a ejemplares adultos con tantos años de vida. Empezaba a entender las necesidades que tenían muchos pescadores de pescar para subsistir pero veía imprescindible devolver estos ejemplares a su medio, por ejemplo, por el mero hecho de ser responsables de tantas repoblaciones anteriores.

A la mañana siguiente, después de dejar reposar los cebos sobre el fondo del embalse una tímida picada se convirtió en una preciosa carpita de 5kg de peso. Como si de un amuleto se tratara, Antonio devolvió el ejemplar al agua al instante.

Fue colocar la caña en el trípode para volver a anzuelar un nuevo boilie cuando casualmente, una de las dos alarmas que permanecían encendidas en su trípode, empezó a sonar ininterrumpidamente. ¡La picada era brutal! Metros y metros empezaban a salir de la bobina después de haber clavado al pez. Pánico era la sensación que Antonio tenía. Como si de un siluro se tratara, traer al pez hacia la orilla empezaba a ser una tarea muy árdua. Tras 15 minutos de lucha, donde el pez puso a prueba la habilidad del pescador, una increible carpa royal de 21kg de peso era introducida en el salabre. Aire es lo que le faltaba a Antonio al ver el ejemplar sobre la moqueta. Su amigo Javier le estrechó fuertemente la mano. Tras realizar la foto de rigor, Antonio se introdujo en el agua y devolvió el ejemplar a su medio. Como si de una estatua se tratara, Antonio se quedo perplejo viendo el regreso del pez. Al volver a tierra, no podía contener su emoción y rompió en palabras de agradecimiento hacia Javier y Saray por haberle acompañado todos y cada uno de los fines de semana.

En busca de grandes ciprinidos

Antonio, empezó a comprobar que la zona donde estaba pescando, era frecuentada cada vez más por pescadores de carpa y otras especies. El número de líneas en el agua se había multiplicado a la vez que el ruido, lo que provocó que el número de picadas se redujera considerablemente. Si a esto añadimos que el calor era insoportable, las ganas de buscar un nuevo paraje, crecían.

Decidió junto a Javier, desplazarse a nuevas zonas menos transitadas. Así fue como empezaron a caminar por la orilla días y noches observando la actividad de los peces. Les llamó la atención una recula donde había gran actividad nocturna. Incesantes brincos denotaban buenos ejemplares.

Prepararon el puesto cebando asiduamente el lugar. Las cantidades de semilla cocida que volcaban al agua se medían en decenas de kilos. Incorporaban alimentos que antes no empleaban como pienso de vaca y gallina. Antonio, reacio desde siempre a incorporar boilies en el cebado empezaba a introducirlos y con ellos comenzó a dedicarse por completo a la elaboración casera de boilies.

Elaboración de boilies por Antonio González

Lo primero y fundamental a la hora de comenzar la elaboración de boilies, es disponer en tu espacio de trabajo de todos los utentisilios que te serán necesarios a lo largo del proceso. Un mueble en la despensa puede ayudarnos a organizar la materia prima.

Seleccionados los primeros ingredientes, los disponemos en la mesa de acción. Un libro (histórico) de recetas nos será muy útil en un futuro, ya que jugaremos mezclando recetas o extrayendo lo mejor de cada una. Tomamos un bol y tras batir unos huevos, incorporamos a la parte líquida, en su correspondiente proporción, todas las esencias líquidas de las que se compondrá nuestro boilie. Mezclamos la composición liquida con el conjunto de harinas que conforman la parte sólida. Jugamos con las proporciones para que quede una masa sólida y no pegajosa. Amasamos la mezcla otorgándole una medida adecuada para ser introducida en la pistola. Preparamos nuestra tabla dotando a la misma de margarina para facilitar el trabajo con la masa. Disponemos la masa extraida de la pistola sobre la tabla y balanceamos la misma consiguiendo que los boilies tomen forma esférica. Colocamos los boilies en una bandeja casera provista de asa que será introducida en agua hirviendo. Cuando hayan llegado a su estado óptimo de cocción (flotan) se disponen en un tamiz para su secado. Un par de días antes de la sesión, se toma una bolsa con cierre hermético y se rocía la misma con las esencias líquidas que han formado parte de la mezcla. A continuación, se guarda en el congelador hasta el día siguiente, momentos antes de dirigirnos a nuestro embalse.

Antonio había cambiado la estrategia. El cebado no era repartido cada tarde de viernes y sábado sino que era volcado al agua el domingo anterior, de ahí que incrementaran las cantidades de comida respecto a un principio. No se cebaba ni sábado ni domingo sino que nada más llegar el viernes se repartían por el cebadero unos 20-30 boilies del mismo sabor que el que emplearía durante el fin de semana.

Esta estrategia les proporcionó a Javier y Antonio grandes satisfacciones hasta el otoño, capturando muchos ejemplares de carpa, alguno de ellos con peso superior a los 15kg de peso.

La llegada del frío

Después de hacer balance de las capturas obtenidas durante los meses de primavera y verano, Javier y Antonio estaban más que satisfechos y deseaban rápidamente la llegada del frío. El cangrejo empezaba a estar menos activo y las grandes carpas debían de dejarse ver al igual que hicieron un año atrás.

El cambio de escenario era de esperar. Buscaron zonas más profundas de cara al invierno, donde los peces a buen seguro aguardarían la bajada de temperaturas. Aprovecharon una recula realimentada por las intensas lluvias que desde Septiembre nos sorprendieron a todos. La profundidad elegida fue de 12 metros y marcaron 3 zonas de cebado separadas entre ellas unos 80metros. Empezaron a alimentar las zonas con conglomerados de semillas cocidas: maíz, garbanzo, habines, chufas, pienso de gallina y vaca etc… Sabían que tarde o temprano daría sus frutos al igual que en ocasiones anteriores.

A partir de Octubre, todos y cada uno de los fines de semana hasta nuestros días, han conseguido que esa zona proporcione excelentes capturas. Hay un dato curioso que se lleva dando todos estos meses y que da que pensar: Javier no ha conseguido ninguna captura sitúandose a la ENTRADA de la récula, ya que todos los peces han sido cobrados por Antonio justo al final de la misma. La recula es amplia y la conclusión que han sacado es que los peces entran a comer justamente por el extremo opuesto, rodean la recula lentamente y salen por el cebadero de Javier. El problema radica en que Antonio está ubicado delante de Javier cortando el paso y obteniendo las pocas picadas que se producen. Otra curiosidad que se da, es que siempre hay picadas cuando el aire sopla desde una determinada dirección, no produciéndose ninguna cuando sopla en dirección opuesta. Todas estas casualidades hacen al pescador de carpfishing madurar por momentos. Empieza a entender los movimientos del pez, sus costumbres. Si hay algo que es realmente fascinante de esta modalidad de pesca y así lo interpretan los pescadores, es que hay que tener en cuenta tantos factores que no se puede predecir el resultado de una jornada. Crees que tienes atado todos y cada uno de los factores de éxito y al final de la jornada te das cuenta de que hay algo que se te escapa. Otro día das con ese detalle y el problema radica en otro. Estas paradojas dotan al carpfishing de un atractivo único.

Por fin juntos

El pasado Enero, tras muchos meses intentando coincidir con él, me desplazé a Extremadura y pude compartir una jornada de pesca con Antonio y Javier. Me alegré mucho al verles pero más aún cuando me enseñaron el albúm fotográfico que representaba todas y cada una de las capturas conseguidas en ese embalse. Era de película.

Me situé entre ambos, en el cebadero central donde siempre lanzaban una de sus cañas y donde de vez en cuando se obtenían picadas. El 90% de las veces, si sonaba una alarma, era del cebadero de la izquierda, donde Antonio tenía dos cañas.

Nos levantamos pronto, echamos las cañas en el agua y a las 10am, con el sol empezando a calentar el agua y los tres tomando el desayuno, una de las alarmas de Antonio empieza a bailar sin intención alguna de parar. Rápidamente llega al trípode y consigue clavar al pez. Empiezo a observar a Antonio con inmensas dotes de tranquilidad, trabajando al pez y no forzándole en ningún momento. Se acerca a la orilla cuando ¡carrera! El pez nos ha visto y emprende la huida. Para desgracia nuestra topa con un obstáculo a 15 metros de la orilla. Antonio empieza a jugar con la línea, a desplazarse a ambos lados. Lo ve difícil sin la barca. Justo en el momento de preparar la náutica el pez da tres cabezazos y sale del obstáculo. Rápidamente Antonio, sabiendo que el hilo puede estar dañado, empieza a luchar la captura con extrema suavidad, dándole el hilo necesario cuando lo solicite. Suavemente, el pez se acerca de nuevo y esta vez sí, es introducido en la sacadera y llevado a la moqueta. Era un ejemplar bellísimo. Una carpa royal de 16.5 Kg era objeto de todas las miradas. Estrecho efusivamente la mano a Antonio y tras un par de fotografías, el pez es devuelto al agua.
Aunque mis alarmas no sonaron durante todo el sábado, me sentía muy feliz. Una de las premisas fundamentales de todo pescador de carpfishing es la convivencia y el saber disfrutar de la pesca junto a tus compañeros. Es evidente que a cada uno de nosotros nos gustaría ser el fotografiado pero es innato en todo pescador de carpfishing el sentir alegría cuando un amigo tuyo consigue, lo que el azar o el saber, te priva en muchas ocasiones. Yo me alegré enormemente por mi amigo Antonio y disfruté viendo un ejemplar bellísimo con la esperanza e ilusión de volverlo a ver algún día. Depende de todos y cada uno de los pescadores respetar nuestros peces y otorgarles el derecho a volver a su entorno.

Como si de un reloj suizo se tratara, a la misma hora del día siguiente, otra de las alarmas de Antonio comienza a silbar con fuerza ante el asombro nuestro. Ilógicamente, el pez es ensalabrado de forma relativamente rápida, sin carreras alocadas, sin obstáculos. Era asombroso. Una increible común de 18.5Kg reposaba sobre las manos de Antonio. Después de hacerle una fotografía en solitario para el recuerdo, le pedí a Javier el favor de hacernos una fotografía a Antonio y a mí, ya que necesitaba inmortalizar el recuerdo de un fin de semana tan emocionante.

Me marché de vuelta a Madrid con la sensación de haber compartido una jornada única junto a dos grandes amigos. Desde ese día, no pasa una semana sin comentar los factores para la siguiente jornada (aire, presión, temperatura…) y desearnos mutuamente suerte en nuestras jornadas.

Aunque yo siga contando los días para volverles a ver, Antonio y Javier no han faltado hasta ahora a su cita de fin de semana, consiguiendo con ello bellísimas capturas dignas de mención. Javier, espero impaciente tu fotografía, pues tarde o temprano los buenos pescadores obtienen su premio.

El mensaje

No podía ser otro que: “El cambio es necesario”. Todos y cada uno de nosotros podremos algún día disfrutar de los peces recogidos en este artículo, ya que todos y cada uno de ellos, merodean por las orillas del pantano en libertad. Debemos rescatar cualidades como racionalidad y respeto por todo aquello que se nos ha dado. Sintamos la naturaleza como parte nuestra y los peces como parte de ella. Practiquemos el “Captura y Suelta”.


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